
Bandera de Arabia Saudita
Debateplural.com, comparte con los lectores el interesante artículo de Francisco Herranz, titulado "Empeora la guerra 'proxy' entre Irán y Arabia Saudí", publicado en el portal Sputniknews.com, en fecha 11 de enero de 2016.
La ejecución de un destacado clérigo chií a manos de las autoridades de Riad se ha convertido en un peligroso punto de inflexión en la guerra política-religiosa por la hegemonía en Oriente Medio que libran Arabia Saudí e Irán con la aquiescencia de Estados Unidos.
Gran prvocación o mayúsculo error
La respuesta chií al ajusticiamiento de Nimr se multiplicó por toda la región, e incluyó desde la dura condena vertida por el presidente Hasán Rohaní hasta la amenaza explícita lanzada por el ayatolá Alí Jamenei, líder supremo de la Revolución Islámica iraní. "La injustificada sangre derramada de este mártir oprimido tendrá sin duda consecuencias bien pronto y la divina venganza caerá sobre los políticos saudíes", declaró Jamenei sin pelos en la lengua.
Así mismo, se vivieron episodios de repulsa en otros Estados de Oriente Medio, como Irak, Líbano, Bahréin o la propia Arabia Saudí, donde la comunidad chií está presente y tiene cierta influencia.
Estados Unidos hizo gala una vez más de su política de doble moral. El Departamento de Estado se limitó a expresar su "preocupación" por la ejecución del clérigo chií, sin ir más lejos en un comunicado muy matizado y aséptico, especialmente redactado para su tradicional aliado estratégico árabe en el Golfo Pérsico.
Tibia también fue la respuesta de la Unión Europea, aunque, al menos Federica Mogherini, alta representante para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad de la Unión, condenó las ejecuciones pues Europa es una férrea opositora a la pena capital.
El impacto político resultó inmediato. Tras el asalto a la embajada, Arabia Saudí rompió abruptamente relaciones diplomáticas con Irán y poco después hizo lo propio uno de sus 'satélites' del Consejo de Cooperación del Golfo: Bahréin. Kuwait, Qatar y Emiratos Árabes Unidos retiraron a sus respectivos embajadores en señal de solidaridad.
El análisis de la crítica situación evidencia que el caso de Nimr ha sido o bien una provocación pura y dura o bien un error de cálculo mayúsculo. En ambos casos se originarán consecuencias indeseables a nivel geoestratégico.
Punto de inflexión
Nimr, de 56 años, se había transformado en una figura icónica desde 2011, en el arranque de la llamada Primavera Árabe, por luchar contra la marginación que sufre la minoría chií (10% de la población), en el reino Saudí con una evidente mayoría suní. Tras ser arrestado en 2012, el jeque había sido sentenciado a muerte por fomentar la violencia y la sedición.
El reo era indudablemente un líder político disidente e incómodo para el régimen, pues buscaba cambiar el orden de las cosas, pero en ningún caso estaba llamando a sus partidarios a emplear la violencia contra el Gobierno para satisfacer las reivindicaciones de su grupo religioso. De hecho, no existen pruebas de su supuesto talante violento y así lo han denunciado reiteradamente diversas organizaciones internacionales defensoras de los derechos humanos como Human Rights Watch o Amnistía Internacional. Su nombre ha terminado unido al de otros 46 ejecutados, incluidos docenas de miembros del grupo terrorista Al Qaeda, lo que indudablemente manchará su recuerdo.
"Con estas ejecuciones Arabia Saudí está exacerbando las tensiones sectarias. Este asesinato podría marcar un punto de inflexión en la situación y añadir más leña al fuego a una región atravesada de conflictos como los que ocurren en Bahréin, Yemen, Siria e Irak", estima Ignacio Álvarez Ossorio, profesor de Estudios Árabes e Islámicos de la Universidad de Alicante.
El asunto, por otro lado, saca a flote la gran hipocresía de estas dos potencias regionales, ya que ambas apoyan a grupos extremistas fuera de sus fronteras, pero se enfrentan a los críticos internos con medidas represivas. Tanto Irán como Arabia Saudí practican con asiduidad la pena capital. La decapitación es una de las formas principales de eliminar a los condenados en ese vasto país desértico y rico en petróleo.
Pelea por el liderazgo regional
¿Qué buscaba Riad con el ajusticiamiento de Nimr? En opinión del profesor Álvarez Ossorio, "es una apuesta por el sectarismo del nuevo rey" Salman, quien no ha dudado en sofocar las revueltas en Yemen o en Bahréin. Salman lleva poco en el poder. Subió al trono hace ahora un año, en enero de 2015, como consecuencia del fallecimiento de su hermanastro Abdalá.
No nos debería extrañar, admite el profesor Álvarez Ossorio, que Teherán busque "diferentes fórmulas, diferentes escenarios", donde se puedan materializar esas amenazas lanzadas por Jamenei, por ejemplo, a través del brazo ejecutor de grupos proiraníes como Hezbolá que actúa habitualmente en Líbano y ahora también se encuentra en Siria.
La reacción de Arabia Saudita se comprende mucho mejor si se observa dentro de un cuadro más amplio. El reciente acuerdo nuclear firmado entre Irán y Estados Unidos ha provocado la desconfianza de Riad, que se siente traicionada por sus socios de Washington. Las relaciones bilaterales no atraviesan un momento feliz. Todo esto parece indicar que quiere demostrar a su mentor estadounidense —y por supuesto a todo el mundo islámico-, que puede cuidarse por sí mismo, lo que por otro lado no es nada cierto. Esta posición desafiante ha puesto en aprietos a la Casa Blanca que ve como surge una "Guerra Fría en el Golfo Pérsico", como acertadamente la define Alberto Priego, profesor de Relaciones Internacionales de la Universidad Pontificia Comillas.
