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“El Cantar de los Cantares”

Escrito por Debate Plural

Tony Raful (Listin, 14-2-17) 

 

El amor es vellocino del cuerpo esquivo, un oleaje verbal que se torna velada silbante en la pendiente de la piel, el asombro del mar para los ojos de los amantes, en noches ebrias de caracol y baladas, el amor es una trémula flama roja atajando el tiempo de los besos. Entre todos los versos al amor, yo escojo “”El Cantar de los Cantares”. Yo procuro y atino con  su hechizo, yo me arrimo a sus partituras flamígeras,  al ritmo danzante del fervor y el abismo constante, yo me encandilo a su dulce sortilegio, me enmaraño  a su locura grata, que colma mi fortuna. Yo no sé quien lo escribió, dicen que Salomón, yo sólo sé, que su textura es un nido de lucero y hermosura. Yo no sé quien ondula el vino y las salamandras del fuego, yo sólo sé, que es lumbre cantarina   su embarcación de latidos y versos, la maravilla de su querer, el  amor que me colma. Hoy 14 de febrero, día del amor y la amistad, sólo he buscado,  “El Cantar de los Cantares”. No lo encontraré en los fabulosos centros comerciales,  donde el amor es oferta y demanda, embeleco y atroz miseria del alma. Sólo he querido volver a leer este formidable texto que  colma de filigranas, el díscolo lienzo de un alado espejo, donde  sólo caben dos, y se aman en el instante ceñido de su prodigio y su ternura.

“El amado a la amada, la belleza deslumbrante de la amada: Qué hermosa eres, amada mía, qué hermosa eres! /Tus ojos son palomas, detrás de tu velo/ Tus cabellos, como un rebaño de cabras que baja por las laderas de Galaad/ Tus dientes, como un rebaño de ovejas esquiladas/ que acaban de bañarse: todas ellas han tenido mellizos y no hay ninguna estéril/ Como una cinta escarlata son tus labios y tu boca es hermosa/Como cortes de granada son tus mejillas/detrás de tu velo/ Tu cuello es como la torre de David/construida con piedras talladas: de ella cuelgan mil escudos, toda clase de armaduras de guerreros/ Tus pechos son como dos ciervos jóvenes/mellizos de una gacela/que pastan entre los lirios/ Antes que sople la brisa y huyan las sombras/iré a la montaña de la mirra/a la colina del incienso/Eres toda hermosa, amada mía/y no tienes ningún defecto/ ¡Ven conmigo del Líbano, novia mía/ven desde el Líbano!/Desciende desde la lumbre del Amaná/desde las cimas del Sanir y del Hermón/desde la guarida de los leones/desde los montes de los leopardos/ ¡Me has robado el corazón hermana mía/novia mía!/¡Me has robado el corazón/con una sola de tus miradas/con una sola vuelta de tus collares!/ ¡Qué hermosos son tus amores/hermana mía, novia mía!/Tus amores son más deliciosos que el vino/y el aroma de tus perfumes/mejor que todos los ungüentos/ ¡Tus labios destilan miel pura/novia mía!/Hay miel y leche bajo tu lengua/y la fragancia de tus vestidos/es como el aroma del Líbano/ Eres un jardín cerrado/hermana mía, novia mía/eres un jardín cerrado/una fuente sellada/ Tus brotes son un vergel/de granadas/con frutos exquisitos: alheña con nardos/ nardo y azafrán/caña aromática y canela/con todos los árboles de incienso/mirra y áloe/con los mejores perfumes/ ¡Fuente que riega los jardines/manantial de agua viva, que fluye desde el Líbano!”

El Amado le dice a la Amada: “Yo entré en mi jardín, hermana mía, novia mía/recogí mi mirra y mi bálsamo/comí mi miel y mi panal/bebí mi vino y mi leche/ ¡Coman, amigos míos/ beban, y embriáguense de amor! La Amada le responde al Amado: Yo duermo, pero mi corazón vela: oigo a mi amado que golpea/¡Ábreme, hermana mía, mi amada/paloma mía, mi preciosa!/Porque mi cabeza está empapada por el rocío y mi cabellera por la humedad de la noche”/”Ya me quité la túnica/¿cómo voy a ponérmela de nuevo?/Ya me lavé los pies/¿cómo voy a ensuciármelos?/ Mi amado pasó la mano por la abertura de la puerta/y se estremecieron mis entrañas/ Me levanté para abrirle a mi amado/y mis manos destilaron mirra/fluyó mirra de mis dedos/por el pasador de la cerradura/ Yo misma le abrí a mi amado/pero él ya había desaparecido/¡El alma se me fue detrás de él!/¡Lo busqué, y no lo encontré/lo llamé y no me respondió!/ Me encontraron los centinelas/que hacen la ronda en la ciudad/ los guardias de las murallas/me golpearon y me hirieron/me arrancaron el manto/Júrenme, hijas de Jerusalén/que si encuentran a mi amado/le dirán… ¿qué le dirán?/Que estoy enferma de amor.”

En sus cinco cantos y apéndices, “El Cantar de los Cantares”, es un azulejo de paisajes, de rastros históricos, de menciones geográficas, de costumbres y escenas pastoriles. Es un marco de un tiempo, donde el amor no sufre alteraciones, no modifica su itinerario de pasión y apego, su  belleza interior,  su decidida tentativa de posesión fugaz, porque el amor ha sido y será siempre ese embelesamiento crucial que se apodera de los que se aman, que enceguece toda noción de lo real y la cambia por un apoderamiento sublime de primor y encanto, que todo lo transforma.  “El Cantar de los Cantares” nos muestra ese dosel de amores que preludia el inexplicable reino de la ofuscación del alma,  cuando todo marcha encabritado, luminoso, sensación intensa y mágica de vivir.

Para el amor, “El Cantar de los Cantares”, para los 14 de febrero y  Cupido, para la saeta que no cesa de alcanzarnos, esta lectura siempre nueva de este texto de metáforas y construcciones líricas. Más allá de toda lógica, el amor ronda, aletea, evoca, restablece energías diamantinas. Para este  día los cantos  del “Cantar de los Cantares” que se hospedan altivos en mi corazón.

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