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Defender a Cuba de los intentos estadounidenses por aplastarla

Escrito por Debate Plural

Helen Yaffe (Jacobin América Latina, 19-3-26)

Los esfuerzos de Donald Trump por bloquear el suministro de combustible a Cuba apuntan a generar el caos. Ahora más que nunca, Cuba necesita solidaridad internacional concreta para resistir el acoso imperialista de Estados Unidos.

El presidente estadounidense Donald Trump y el secretario de Estado Marco Rubio buscan un cambio de régimen en Cuba antes de finales de 2026. Sus acciones exponen la hipocresía de la política estadounidense hacia Cuba a lo largo de las décadas: proclamar la defensa de los derechos humanos mientras se impone un bloqueo que le niega a los cubanos el acceso a recursos vitales.

Trump apoya abiertamente el retorno de la vieja élite cubana e incluso sugirió una «toma amistosa» de Cuba por parte de Estados Unidos. Después de años en que el establishment estadounidense culpó de los problemas económicos de la isla al socialismo, a la incompetencia y a la mala gestión, Trump hoy alardea abiertamente de que el embargo estadounidense significa que «no hay petróleo, no hay dinero, no hay nada». Si Cuba fuera realmente un Estado fallido, como afirman Trump y su predecesor Joe Biden, la guerra económica sería innecesaria. Esta renovada agresión revela a una gran potencia en declive que pierde hegemonía, desgarrada por contradicciones y crisis internas, y desesperada por aplastar todo desafío y toda alternativa con el objetivo de preservar su dominación.

Decreto ejecutivo

El 29 de enero, Trump firmó un decreto ejecutivo que declara que Cuba constituye «una amenaza inusual y extraordinaria» para la seguridad nacional y la política exterior de Estados Unidos, y autoriza la imposición de aranceles sobre los bienes de los países que le vendan o suministren petróleo a Cuba. Esto se firmó después de la incautación, en diciembre de 2025, de buques tanque que transportaban petróleo venezolano y del violento secuestro del presidente venezolano Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores, el pasado 3 de enero.

En respuesta a la amenaza arancelaria de Washington, México y otros países abandonaron los envíos de petróleo a Cuba. El decreto ejecutivo de Trump se apoyó en varias leyes, entre ellas la Ley de Poderes Económicos de Emergencia Internacional, respecto de la que la Corte Suprema de Estados Unidos dictaminó el 20 de febrero que no puede utilizarse para imponer aranceles. Sin embargo, esto cambia poco: Trump puede recurrir a otros estatutos para autorizar esas medidas. En cualquier caso, no se cobró ningún arancel ya que la mera amenaza logró detener efectivamente los suministros de petróleo a Cuba.

El decreto ejecutivo de Trump tuvo un impacto inmediato en la isla, que depende del combustible importado para generar la mitad de sus necesidades eléctricas. En el plazo de dos semanas, la Oficina de Derechos Humanos de las Naciones Unidas advirtió que los servicios esenciales estaban en riesgo:

Las unidades de cuidados intensivos y las salas de emergencias están comprometidas, al igual que la producción, distribución y almacenamiento de vacunas, hemoderivados y otros medicamentos sensibles a la temperatura. En Cuba, más del 80 por ciento de los equipos de bombeo de agua dependen de la electricidad, y los cortes de suministro están afectando el acceso al agua potable, el saneamiento y la higiene.

La escasez de combustible perturbó el sistema de racionamiento y la canasta básica regulada, y afectó las redes de protección social —comedores escolares, hogares maternos y residencias de ancianos—, siendo los grupos más vulnerables los más desproporcionadamente afectados.

Ya los hospitales cubanos cancelaron la atención no urgente, mientras que las ambulancias carecen de combustible. Muchas escuelas, colegios y universidades también tuvieron que cerrar. El transporte público y privado y el traslado de mercancías se redujeron drásticamente. Los centros de trabajo, ya sean estatales, privados o cooperativos, recortaron significativamente su actividad. La escasez de combustible perturbó la producción, la refrigeración y el transporte de alimentos, lo que generó desabastecimiento, aumento de precios y largas filas para obtener bienes básicos. La recolección de basura colapsó, incrementando los riesgos sanitarios. Los apagones persistentes hacen la vida cotidiana extremadamente difícil. Algunas aerolíneas internacionales cancelaron sus vuelos porque Cuba carece de combustible de aviación, y varios gobiernos desaconsejaron todos los viajes a la isla, salvo los imprescindibles, lo que sigue drenando los ingresos turísticos del país.

Mark Weisbrot, coautor de un reciente estudio de Lancet Global Health que calcula que las sanciones unilaterales causan más de medio millón de muertes anuales en todo el mundo, escribió sobre el bloqueo petrolero de Trump: «Ahora mismo podemos ver en tiempo real cómo se producen esas muertes. (…) El colapso de las importaciones de petróleo tuvo efectos inmediatos y potencialmente letales».

En febrero, Trump le dijo a algunos periodistas que Rubio estaba participando en conversaciones de alto nivel con funcionarios cubanos. Los dirigentes cubanos lo desmintieron, y un informe de Drop Site News sugirió que Rubio estaba mintiendo para poder afirmar posteriormente que las conversaciones habían fracasado por la intransigencia cubana y así impulsar un cambio de régimen. Rubio no se conformará con el llamado modelo venezolano, que simplemente reemplace al presidente en Cuba.

Luego, el 13 de marzo, el presidente cubano Miguel Díaz-Canel anunció que, junto con Raúl Castro, dirigía conversaciones con representantes del gobierno estadounidense «orientadas a encontrar soluciones mediante el diálogo». Así reafirmó la posición histórica del gobierno revolucionario: que Cuba participaría de negociaciones únicamente «sobre la base de la igualdad y el respeto a los sistemas políticos de ambos estados, y a la soberanía y la autodeterminación de nuestro Gobierno». Esto fue después de un anuncio, el día anterior, según el cual cincuenta y un presos serían liberados, con mediación del Vaticano.

Guerra económica con miras al cambio de régimen

Las medidas recientes agravan las penurias resultantes de casi siete décadas de guerra económica. El «embargo» estadounidense contra Cuba es el sistema de sanciones unilaterales más prolongado y extenso de la historia moderna. No se trata simplemente de una cuestión jurídica o bilateral entre los dos países, sino de un bloqueo que obstaculiza las relaciones de Cuba con el resto del mundo, viola los derechos humanos y frena el desarrollo.

La mayoría de los cubanos en la isla han pasado toda su vida soportando las carencias causadas por decisiones tomadas en Washington para captar votos en Miami. En 2025, el informe anual de Cuba ante las Naciones Unidas cifró el costo acumulado del bloqueo estadounidense en más de 170.000 millones de dólares. Los costos aumentan año tras año y alcanzaron los 7.600 millones de dólares solo entre marzo de 2024 y febrero de 2025.

El objetivo de la política estadounidense fue establecido hace mucho tiempo en un memorando de 1960 del diplomático estadounidense Lester Mallory titulado «La decadencia y caída de Castro», que proponía la guerra económica «para provocar el hambre, la desesperación y el derrocamiento del gobierno». Las sanciones forman parte de ese arsenal.

Durante su primera administración, Trump adoptó una política de «máxima presión» contra Cuba, introduciendo más de 240 nuevas sanciones y medidas coercitivas para aislar al país del comercio mundial y del sistema financiero internacional. Esto coincidió con la pandemia de COVID-19 y golpeó duramente a la isla: volvieron los apagones, escasearon bienes y medicamentos, la inflación y la emigración se dispararon, los inversores extranjeros huyeron y las reservas internacionales se agotaron. La vida ya era extremadamente dura para los cubanos antes de que Trump volviera al poder en 2025, con Rubio —cuya carrera se construyó sobre la oposición intransigente al socialismo cubano— como nuevo secretario de Estado.

¿Puede sobrevivir Cuba?

«Cuba está al borde del colapso», proclaman al unísono los medios de comunicación dominantes. Sin embargo, décadas de investigación y experiencia vivida en Cuba aconsejan mantener el escepticismo ante este tipo de titulares. La desaparición del socialismo cubano ya fue pronosticada más veces de las que se intentó asesinar a Fidel Castro. Como escribí en un libro sobre la forma en que la Cuba revolucionaria sobrevivió al colapso del bloque liderado por la Unión Soviética, esta revolución escribió el manual de la resiliencia.

Más allá de la afirmación de la soberanía nacional, argumentaba, la creación de un modelo alternativo de desarrollo fue clave para ello. En un capítulo examinaba la Revolución Energética de 2006, que puso en marcha el viraje de Cuba hacia una matriz energética renovable. Frente a la ofensiva actual contra el suministro de petróleo, ese viraje está resultando vital.

Ya en 2024, el gobierno cubano anunció planes para instalar noventa y dos parques de paneles solares antes de 2028, con crédito y tecnología de China. Estos tendrán una capacidad de generación instalada de dos gigavatios diarios. La mitad de los parques previstos ya están instalados y aportan alrededor de un gigavatio hora diario, cubriendo aproximadamente el 20 por ciento de las necesidades eléctricas de Cuba. Otro 30 por ciento proviene de combustibles fósiles de producción nacional.

Sin embargo, persisten obstáculos serios: las inversiones y la construcción se ven frenadas por el bloqueo petrolero de Trump; los sistemas fotovoltaicos deben conectarse a la red eléctrica nacional; existe una falta de capacidad de almacenamiento de la energía producida, por lo que solo contribuye durante las horas de luz; y si bien los vehículos eléctricos llegaron a Cuba en los últimos años, la mayor parte del parque de transporte depende del combustible. Si el bloqueo petrolero de Trump y Rubio permanece sin quebrarse, ¿cuánto tiempo podrán sobrevivir el socialismo cubano y, con él, el pueblo cubano?

El mundo necesita a Cuba

No se trata de un cálculo matemático ni de un enigma intelectual; es una crisis humana que debería importarnos a todos. Pero ¿qué perderíamos si Trump lograra aquello en lo que fracasaron doce de sus predecesores, es decir, la destrucción del socialismo cubano?

Con todos sus defectos, Cuba demostró que, tras siglos de colonialismo y dominación imperialista, un pueblo sometido puede tomar el control de su tierra y sus recursos y trazar su propio camino en materia de desarrollo, relaciones internacionales y valores. Los compromisos históricos de los revolucionarios cubanos con la soberanía y la justicia social vinculan las guerras de independencia del siglo XIX con la Revolución de 1959, la adopción del socialismo y la lucha contra el imperialismo y el subdesarrollo. Constituyen también el fundamento del simbolismo de Cuba para el Sur Global.

Los izquierdistas que critican el sistema cubano se equivocan al desestimar los notables logros que la Revolución le trajo a las masas cubanas —en educación, salud, vivienda, deporte, cultura, democracia participativa, ciencia y justicia económica y social— al tiempo que se daban pasos audaces en la lucha contra el racismo, el sexismo y la opresión de clase.

Esto es lo que inspira a los pueblos de todo el Sur Global, donde vive aproximadamente el 85 por ciento de la población mundial. Cuba es una pequeña isla que desafió a un imperio y llevó su propia versión del socialismo al hemisferio occidental, en un proceso forjado a través de su propia revolución y no impuesto desde afuera. Surgidas del heterogéneo Ejército Rebelde, las Fuerzas Armadas Revolucionarias cubanas humillaron a Estados Unidos en Bahía de Cochinos en 1961.

Cuba es una espina permanente clavada en el costado del imperialismo estadounidense: apoyando movimientos de liberación nacional y guerrilleros en todo el Sur Global y proyectando una influencia geopolítica muy superior a su tamaño. Fue ese pequeño país el que envió 400.000 soldados a Angola para defenderla de las fuerzas invasoras de la Sudáfrica del apartheid. Cuba impugnó de manera constante la hegemonía estadounidense en las Américas y del imperialismo en todo el mundo, enviando personal militar y médico a lo que el presidente George W. Bush llamó una vez «cualquier rincón oscuro del mundo».

A su vez, Cuba sobrevivió a una agresión implacable por parte de la potencia dominante del mundo, ya sea a través de acciones militares abiertas o encubiertas; sabotaje y terrorismo por parte de autoridades estadounidenses y exiliados cubanos; guerra económica y aislamiento internacional. Estados Unidos socavó a Cuba promoviendo una emigración peligrosa, incluida la de menores no acompañados (Operación Peter Pan, 1960-1962), pero también la de médicos cubanos (el Programa de Libertad Condicional para Profesionales Médicos Cubanos, 2006-2017), al tiempo que obstaculizaba las remesas, las visitas familiares y los visados. Todo ello se corona con un lucrativo financiamiento para los programas de cambio de régimen.

En este contexto, vale remarcare que la Revolución Cubana logró mucho. Le demostró al Sur Global los beneficios de un desarrollo centrado en el bienestar bajo una economía planificada socialista con democracia participativa. El Estado revolucionario elevó los indicadores de desarrollo a niveles propios de países ricos en el transcurso de una sola generación.

Su sistema de salud pública, gratuito y universal, logró la mayor proporción de médicos por habitante del mundo. Redujo drásticamente la mortalidad infantil, elevó la esperanza de vida y erradicó enfermedades. Su sistema de educación pública universal es gratuito para todos, incluyendo el nivel superior, lo que ubica a los cubanos entre los pueblos más alfabetizados y cultos del mundo. Se invirtió en arte, cultura y deporte, reconociéndolos como derechos humanos. Se invirtió en ciencia y tecnología para el desarrollo social.

Se creó un sector biotecnológico único, financiado y administrado por el Estado, que produjo la primera vacuna del mundo contra la meningitis B, la primera vacuna terapéutica contra el cáncer de pulmón, un tratamiento para las úlceras del pie diabético que reduce la necesidad de amputaciones en más del 70 por ciento, y las únicas vacunas contra el COVID-19 desarrolladas en América Latina y el Caribe. Incluso ahora está ensayando prometedores nuevos fármacos contra el Alzheimer. Cuba es líder mundial en desarrollo sostenible y agroecología, y cuenta con un plan estatal de largo plazo que es único en su tipo para hacerle frente al cambio climático, conocido como Tarea Vida.

Un estudio de 2022 realizado por Jason Hickel y Dylan Sullivan determinó que entre 1990 y 2019 las políticas neoliberales causaron 15,63 millones de muertes excesivas en todo el mundo por desnutrición, que podrían haberse evitado con políticas al estilo cubano, incluidas 35.000 en Estados Unidos. En un mundo donde 1.100 millones de personas viven en pobreza multidimensional aguda, 2.000 millones carecen de agua potable limpia y 3.500 millones no tienen sistemas de cloacas, el socialismo cubano ofrece una alternativa viable.

Esta fuerza del ejemplo es el único sentido en que Cuba representa «una amenaza inusual y extraordinaria» para Estados Unidos. Como advirtió Fidel Castro antes de la invasión de Bahía de Cochinos, Cuba no sería perdonada por llevar a cabo «¡una revolución socialista justo bajo las narices de Estados Unidos!»

La Cuba revolucionaria también impulsó el mayor programa de asistencia humanitaria internacional del mundo, que involucra desde profesionales de la salud hasta especialistas técnicos y trabajadores de la construcción. El investigador guatemalteco Henry Morales calculó que entre 1999 y 2015 la ayuda al desarrollo en el exterior de Cuba equivalió al 6,6 por ciento de su PIB, frente al promedio europeo del 0,39 por ciento y el 0,17 por ciento de Estados Unidos. Desde 1960, más de 600.000 profesionales médicos cubanos prestaron servicios en más de 180 países, salvando y mejorando millones de vidas, especialmente en poblaciones desatendidas de los países más pobres.

El gobierno estadounidense está saboteando activamente el internacionalismo médico cubano con mentiras, manipulaciones y amenazas contra los países receptores. Bajo la presión de Trump, algunos gobiernos enviaron de regreso a sus países a los médicos cubanos, perjudicando directamente a sus propios ciudadanos, que quedan sin atención médica. Un cambio de régimen no solo devastaría a Cuba, sino que también perjudicaría a millones de personas que dependen de la asistencia cubana en todo el mundo. 

Rechazar los llamados a Cuba a que llegue a un acuerdo

Esta administración Trump viene mostrando un desprecio absoluto por el derecho internacional. Llevó a cabo ejecuciones extrajudiciales en el Caribe y el océano Pacífico, secuestró buques tanque, capturó tripulaciones y confiscó el petróleo. Secuestró al presidente de Venezuela y a su esposa y amenazó con invadir incluso a sus propios aliados de la OTAN, al tiempo que revivía y ampliaba la Doctrina Monroe y violaba los derechos humanos y la autodeterminación nacional.

En este contexto, los llamados a Cuba para «llegar a un acuerdo» con Trump equivalen a amenazas veladas contra su soberanía. En lugar de dispensarle consejos a la isla asediada, intelectuales y analistas deberían exigirle una rendición de cuentas al gobierno estadounidense por sus crímenes. Los académicos no deberían legitimar la idea de que Trump tiene derecho a llevar a cabo un cambio de régimen, como hace la nueva iniciativa académica de la Florida International University al buscar «encaminar a Cuba hacia la libertad y la democracia, para apoyar la transición».

Una reciente petición en línea, «Académicos en solidaridad con Cuba», condena la política de asfixia del gobierno estadounidense y defiende el derecho de Cuba a la autodeterminación y al desarrollo socialista. Instamos a académicos y estudiantes de todo el mundo a firmarla. Más allá de las peticiones, necesitamos acciones concretas para defender a Cuba. Los organismos internacionales como la ONU, los BRICS, la UE y el Grupo de los 77 más China deben oponerse al acoso de Trump enviando combustible y otros bienes esenciales a Cuba. Pero no podemos esperar a que lo hagan.

Podemos donar fondos y recursos ahora. ¡Que Cuba viva! está adquiriendo paneles solares; la Campaña Salvando Vidas y Global Health Partners están consiguiendo equipos médicos; y el Proyecto Hatuey suministra medicamentos oncológicos para niños cubanos. Podemos apoyar o unirnos al Convoy Nuestra América hacia Cuba, liderado por la Internacional Progresista, que insta a personas de todo el mundo a viajar a La Habana por tierra, aire y mar para una movilización masiva el 21 de marzo. Hagamos lo que hagamos, debemos actuar ahora. Cuba demostró una solidaridad sin par con el mundo. Ahora el mundo debe estar con Cuba.

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