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Colombia: ¿Adiós al mercenarismo?

Escrito por Debate Plural

Mirko Casale (Russia Today, 24-3-26)

El Gobierno colombiano aprobó una ley que busca acabar de una vez por todas con la práctica del mercenarismo, uno de los negocios más lucrativos tanto de mafias estatales como paraestatales en el país, así como, probablemente, el fenómeno que peor imagen de Colombia proyecta al resto del mundo.

La norma, que venía tramitándose desde 2024, busca "frenar la participación de ciudadanos colombianos en conflictos armados extranjeros" y plegarse al marco legal de la ONU "contra el reclutamiento, utilización, financiación y entrenamiento de mercenarios".

Según la disposición ya aprobada en su última instancia, el Estado establecerá sanciones penales contra quienes recluten o financien mercenarios o, de alguna u otra manera, participen en la logística que facilita que colombianos participen en conflictos armados fuera del país. O, con menos palabrería legal, podemos decir que la denominada Ley 2569 prohíbe el mercenarismo.

Cantidades considerables

Según datos oficiales, cada año las autoridades aduaneras colombianas identifican centenares de mercenarios, pero hasta ahora carecían de herramientas legales para impedirles el tránsito hacia el extranjero.

Así, los funcionarios de frontera se encontraban con perfiles claramente 'mercenariescos' (por su destino, motivo aducido de viaje, perfil, etc.), pero no podían hacer nada para evitar que salieran de Colombia a servir en unas Fuerzas Armadas o estructura paramilitar de otro país. Esta realidad cambia con el nuevo marco legal.

Por otro lado, el número real de mercenarios que marchan al extranjero es mucho mayor que el de viajeros poco sutiles que hablan como mercenario, lucen como mercenario y se comportan como mercenarios.

Por ejemplo, a algún aduanero del aeropuerto de Bogotá le resultará sin duda algo peculiar el repentino aumento de colombianos que quieren visitar Sudán como 'turistas', pero todavía menos desapercibidos pasan estos 'turistas' en la nación africana.

De hecho, la llegada de ciudadanos de Colombia al país, en medio de un conflicto armado interno en marcha, provocó las protestas de las autoridades de Jartum en su momento, sirviendo como impulso de la ley ahora recién aprobada.

Ucrania como destino principal

Pero donde más se exhiben sin duda estos ahora productos ilegales de exportación es en las fuerzas militares de Ucrania, donde según los datos disponibles, hasta 7.000 mercenarios colombianos habrían servido en los últimos cuatro años.

Esto convertiría a la nación sudamericana en la principal fuente de mano de obra (o carne de cañón, según se mire) de las fuerzas mercenarias al servicio de Zelenski y compañía.

Al contrario que otros casos, como polacos, ingleses, alemanes, finlandeses, estadounidenses o demás, en los que entre las motivaciones principales para lanzarse a combatir contra Rusia pudieran estar rencores y rivalidades geopolíticas por hechos pasados o presentes, en el caso de los mercenarios de origen colombiano, la principal motivación con diferencia es la monetaria.

El modus operandi suele ser el mismo: un video de captación en redes sociales, promesas de dinero fácil, viaje y firma de contrato

Claro, hay que tener en cuenta que la promesa de pago puede llegar en ocasiones a diez veces más de lo que cobra un militar, policía o vigilante en Colombia.

El modus operandi suele ser el mismo: un video de captación en redes sociales, ocasionalmente presentado por rubia con pose insinuante como motivación extra, promesas de dinero fácil, encuentro con los organizadores, viaje y firma de contrato.

Según varios testimonios, llegar a Europa Occidental con esas credenciales facilitaba su tránsito en aduanas, tránsito que podría haber terminado fácilmente en deportación de no contar con el 'aval' de que viajaban con el objetivo de matar rusos.

Por cierto, la mayoría de captados afirma que descubrió su vocación mercenaria gracias a videos posteados en TikTok, que por lo visto ha venido permitiendo este tipo de contenido promoviendo el homicidio por dinero al mismo tiempo que expulsaba a RT de esta plataforma a finales de 2024.

"Quiero volver para Colombia, estoy muy preocupado"

Sea como fuera que llegaron a ser reclutados, lo cierto es que miles de mercenarios colombianos mordieron el anzuelo, muchos producto de la desesperación financiera o familiar, algunos por creer que la guerra es como los videojuegos y otros víctimas de su propia ingenuidad o, sin tanto eufemismo, limitaciones intelectuales.

"Esto no es un juego, acá pierdes la vida instantáneamente", dice uno de esos mercenarios en un video compartido en redes sociales

Como el caso de los integrantes del que podríamos llamar "dúo dinámico del mercenarismo", quienes, después de luchar del lado de Zelenski, trataron de regresar a Colombia enfundados en sus uniformes ucranianos, pero haciendo escala en un aliado de Rusia, Venezuela, que los detuvo en el aeropuerto y los extraditó a Moscú. Tremendo éxito.

Para colmo, como era de esperar, las promesas de Zelenski quedaron nada, y en lugar de dinero en cantidad, decenas de novias ucranianas y rusos fáciles de matar, los mercenarios se encontraban con salarios escasos y atrasados, condiciones invivibles y misiones suicidas como carne de cañón. Dicho por ellos mismos, por cierto: "Esto no es un juego, acá pierdes la vida instantáneamente", dice uno de esos mercenarios en un video compartido en redes sociales; "no vengan acá", dice otro. "Quiero irme para mi casa, quiero volver a mi país, quiero volver para Colombia. No sé qué hacer, estoy muy preocupado", confiesa un tercero en otro video, con la cara llena de hinchazones y magulladuras. 

La marca de un pasado violento

Así, con la nueva ley, Colombia da por fin un primer paso decidido en la lucha contra un fenómeno que le ha costado la reputación de nación exportadora de sicarios.

Y, por las posibles dificultades, oposiciones y argucias que podrían surgir a la hora de aplicarla, no sabemos qué tan lejos llegará este esfuerzo legal por acabar tanto con el fenómeno como con el estigma que lo acompaña.

Un estigma que se remonta, especialmente, al asesinato del presidente de Haití en 2021, cuando aproximadamente dos decenas de mercenarios colombianos, actuando a cambio de dinero, balearon a Jovenel Moïse en su residencia.

Y, mucho más grave que la mala reputación que lo acompaña, el mercenarismo es también la constatación de que el conflicto interno en Colombia dejó unas heridas tan perdurables en su sociedad, que décadas de violencia cotidiana y desigualdad social han provocado que todavía hoy una cantidad significativa de colombianos vean en el homicidio a cambio de dinero una oportunidad laboral como cualquier otra.

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