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Mentiras de Trump sobre la guerra contra Irán provocan oscilaciones en los mercados 

Escrito por Debate Plural

Shabbir Rizvi (Hispantv, 26-3-26)

El fin de semana del 21 de marzo, coincidiendo con Eid al-Fitr y Noruz (el Año Nuevo persa), fue escenario de ataques estratégicos de represalia iraníes contra numerosos emplazamientos en los territorios ocupados por Israel.

La noche del sábado se registraron niveles particularmente elevados de destrucción en “Arad” y “Dimona”, siendo esta última conocida por albergar el programa nuclear del régimen de ocupación, apenas disimulado.

Desde el inicio de la guerra de agresión estadounidense-israelí contra Irán, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha sostenido que las capacidades militares iraníes han sido “degradadas” y que la guerra está “casi ganada”. La mayoría de los medios de comunicación reproducen estas afirmaciones sin someterlas a un escrutinio sustancial, limitándose en ocasiones a introducir objeciones menores con posterioridad.

Sin embargo, Irán no ha mostrado señales de interrupción en su doctrina militar. Altos mandos han insistido en que el país ha invertido la lógica del conflicto, pasando de una postura defensiva a una ofensiva.

El ministro de Asuntos Exteriores iraní, Seyed Abás Araqchi, ha afirmado que no existen negociaciones con Estados Unidos. La propuesta que Washington transmitió a Teherán a través de mediadores pakistaníes fue rechazada por la parte iraní por considerarla impracticable. En su lugar, Irán expuso sus propias condiciones para poner fin a la guerra que le fue impuesta, dejando claro que negocia desde una posición de fuerza.

Las exigencias formuladas por Teherán —según informó Press TV el miércoles— incluyen: el cese total de la “agresión y los asesinatos selectivos” por parte del enemigo, el establecimiento de mecanismos concretos que garanticen que la guerra no vuelva a imponerse contra la República Islámica, el pago garantizado y claramente definido de indemnizaciones y reparaciones de guerra, el fin del conflicto en todos los frentes y para todos los grupos de resistencia implicados en la región, así como el reconocimiento de la soberanía iraní sobre el estrecho de Ormuz.

Un país que, según las propias palabras de Trump, habría perdido su capacidad militar, difícilmente estaría formulando exigencias mientras continúa bombardeando objetivos israelíes y estadounidenses en toda la región.

La contradicción es tan evidente que exige una investigación: claramente, alguien está mintiendo. ¿Se trata de Trump —el magnate convertido en presidente, conocido por prácticas de manipulación y fraude, y mencionado repetidamente en los archivos Epstein— o de Irán, que libra lo que considera una guerra existencial, desmintiendo sobre el terreno las afirmaciones estadounidenses sobre su supuesta degradación militar mientras controla la escalada y formula sus propias exigencias?

Las señales apuntan con claridad a una dirección. Entonces surge la pregunta: ¿cuáles son los motivos para mentir? ¿Se trata de influir en la opinión pública? La respuesta, como tantas veces, es simple: seguir el rastro del dinero.

Basta considerar la reciente amenaza de Trump contra infraestructuras civiles iraníes. Tras las importantes pérdidas israelíes en Arad y Dimona, Trump amenazó con bombardear Irán si el estrecho de Ormuz no se reabría al tránsito completo, otorgando a Teherán un ultimátum de 48 horas.

Irán —controlando cuidadosamente la escalada y cumpliendo sus advertencias— respondió que cualquier ataque contra su infraestructura provocaría represalias equivalentes contra centros energéticos estadounidenses e israelíes en el Golfo Pérsico, lo que desató el pánico entre los analistas de mercado.

La reciente paralización de las exportaciones energéticas procedentes de los países del Consejo de Cooperación del Golfo (CCG-integrado por los países árabes ribereños del Golfo pérsico) ha sacudido al mercado global y ha puesto en entredicho la estabilidad del petrodólar, mientras Irán exige que los países que deseen transitar por la estratégica vía marítima del estrecho de Ormuz paguen en yuanes chinos, una medida orientada a la desdolarización que Teherán viene promoviendo desde hace años.

Cuando los mercados abrieron el lunes, Trump dio marcha atrás completamente a su amenaza, al tiempo que afirmaba —de manera engañosa— que existían “negociaciones” con Irán:

“He instruido al Departamento de Guerra para que posponga cualquier y todos los ataques militares contra plantas eléctricas e infraestructuras energéticas iraníes durante un período de cinco días, sujeto al éxito de las reuniones y conversaciones en curso”, escribió en su plataforma de redes sociales Truth Social.

Según los expertos, esta ventana de cinco días resulta significativa. Coincide con el próximo fin de semana, un período que Trump ha utilizado anteriormente para iniciar acciones militares arriesgadas; por ejemplo, el inicio de la agresión contra Irán el 28 de febrero de 2026, la operación de secuestro del presidente venezolano Nicolás Maduro el 3 de enero de 2026, y la reanudación de la campaña de bombardeos contra Siria el 10 de enero de 2026.

Toda esta estrategia de desinformación responde a un objetivo claro: la manipulación de los mercados. No se trata de un intento de ocultar el fracaso de la agresión contra Irán ni de movilizar votantes; más bien busca garantizar que el capital financiero permanezca alineado con la aventura militar de la administración Trump y del régimen sionista.

En este último episodio, Trump insistió en que no atacaría infraestructuras con el fin de tranquilizar a los mercados, pero apenas una hora después el régimen israelí anunció igualmente ataques contra infraestructuras.

Sin embargo, tras el anuncio de las supuestas “negociaciones exitosas” de Trump —cuya existencia Irán volvió a negar— los mercados reaccionaron con fuertes subidas.

Obsérvese la secuencia de acontecimientos, tal como la documentó The Kobeissi Letter:

“A las 7:04 AM (hora del Este) de hoy, el presidente Trump afirmó que Estados Unidos e Irán habían mantenido conversaciones productivas para poner fin a la guerra.

A las 7:10 AM, el índice S&P 500 se disparó 240 puntos, añadiendo aproximadamente 2 billones de dólares en capitalización bursátil.

Veintisiete minutos después, Irán negó completamente las afirmaciones de Trump y declaró que no había habido ningún contacto con Estados Unidos.

A las 8:00 AM, el S&P 500 cayó 120 puntos, borrando alrededor de 1 billón de dólares en capitalización.

En total, una oscilación de 3 billones de dólares en apenas 56 minutos, únicamente en el S&P 500”.

De hecho, Trump ha utilizado esta táctica repetidamente durante la guerra en curso. Por ejemplo, el 9 de marzo anunció que “la guerra estaba casi terminada”, una declaración realizada estratégicamente un lunes por la tarde, justo al inicio de la semana bursátil, favoreciendo así un repunte de los mercados.

Dos semanas más tarde, el propio Donald Trump reconoció que la guerra continuaba, mientras el ejército estadounidense desplegaba el buque anfibio USS Tripoli con al menos dos mil marines, lo que indicaba la posibilidad de una ofensiva terrestre contra Irán.

Durante varios días, estas acciones provocaron pérdidas de cientos de miles de millones de dólares en el mercado bursátil estadounidense y alimentaron los temores de una inminente crisis energética, a medida que distintos países se preparaban para posibles interrupciones laborales y nuevas perturbaciones económicas.

No es la primera vez que Trump manipula los mercados. De hecho, él mismo lo ha reconocido públicamente. En medio de otra de sus controversias —la denominada “guerra arancelaria”— Trump llegó incluso a presumir de que sus aranceles habían enriquecido enormemente a su círculo cercano.

Según Yahoo Finance: “Tras anunciar el miércoles una pausa de 90 días en su amplia política de ‘aranceles recíprocos’ aplicada a casi todos los países —con la excepción de China— Trump se mostró entusiasmado al atribuirse el mérito de haber hecho ganar dinero a sus invitados en la Oficina Oval.

‘¡Él ganó 2,5 millones de dólares hoy, y él ganó 900 millones! Nada mal’, afirmó Trump, refiriéndose respectivamente al inversor financiero Charles Schwab y a Roger Penske, propietario de un equipo de NASCAR (Asociación Nacional de Carreras de Autos de Serie)”.

Sin embargo, Trump no actúa en solitario en esta manipulación de los mercados. Además de su círculo de colaboradores —entre ellos el secretario de Estado Marco Rubio y el secretario de Guerra Pete Hegseth, quienes repiten sin titubeos sus extensas —y francamente poco convincentes— afirmaciones—, el actor clave para amplificar esta estrategia es el propio sistema mediático estadounidense.

Cada vez que Trump publica una declaración insistiendo en que “está en conversaciones con Irán”, los grandes medios difunden inmediatamente la afirmación sin ningún tipo de cuestionamiento. Y cuando surge alguna duda, esta suele quedar oculta en los párrafos intermedios del artículo, mientras que el titular principal reproduce sin matices la afirmación original.

Siguiendo una lógica típicamente imperial, los medios —en consonancia con las ambiciones geopolíticas del poder y, en última instancia, con su propia supervivencia— reproducen la narrativa trumpista para impulsar los mercados y reforzar la confianza de los inversores.

Un ejemplo ilustrativo es este titular de CBS: “Trump afirma que el ultimátum a Irán para reabrir el estrecho de Ormuz se ha pospuesto en medio de negociaciones”.

La cadena CBS, propiedad del magnate David Ellison y dirigida editorialmente por la comentarista Bari Weiss, publicó así un titular que presenta como hecho unas supuestas negociaciones entre Irán y Estados Unidos, algo que ha sido categóricamente negado por los portavoces oficiales iraníes.

La publicación de este titular cumple, en este contexto, dos objetivos principales.

El primero está relacionado con los objetivos estratégicos de la guerra estadounidense: para un medio controlado por actores alineados con esas posiciones, resulta fundamental ganar el favor de la opinión pública, proyectando la imagen de que la guerra avanza conforme a lo previsto y que Washington mantiene el control de la escalada, a pesar de que en la práctica Estados Unidos ha retrocedido repetidamente en sus propias amenazas mientras Irán incrementa la presión estratégica.

El segundo objetivo es impulsar, impulsar, impulsar. La crisis energética y su impacto en los mercados bursátiles afectan a todos; y, pese a los esfuerzos de las corporaciones estadounidenses por seguir generando beneficios por cualquier medio posible, la indignación pública es una realidad que no puede ser ignorada ni negada.

Más adelante en el artículo, CBS reproduce las endebles declaraciones de Donald Trump sin ofrecer el menor cuestionamiento:

“El presidente Trump afirmó el lunes que Estados Unidos está hablando con la ‘persona más respetada’ y el ‘líder’ en Irán”, aunque no se trata del Líder de la Revolución Islámica, el ayatolá Seyed Moytaba Jamenei.

Cualquiera que posea siquiera un conocimiento mínimo del funcionamiento del sistema político iraní y de su estructura de liderazgo sabe que tal afirmación carece de plausibilidad.

Además, Irán ha hecho públicas todas las ocasiones en que ha entablado negociaciones con Estados Unidos, al menos hasta que Washington incumplió sus compromisos y lanzó la guerra no provocada e injustificada el 28 de febrero.

Desde entonces, Teherán ha insistido reiteradamente en que no existen negociaciones, pese a las repetidas afirmaciones de lo contrario por parte de Washington; sin embargo, los hechos han terminado confirmando la veracidad de la posición iraní.

Tampoco resulta sorprendente —dado que la propiedad de los principales medios de comunicación se encuentra alineada con los intereses del imperialismo— que este tipo de narrativas sigan presentándose como “periodismo”. Estados Unidos se encuentra atrapado en una espiral de desinformación y manipulación destinada a sostener un sistema económico cada vez más debilitado, aquejado por múltiples crisis que van desde el ascenso de la inteligencia artificial hasta el deterioro económico de la clase trabajadora estadounidense.

Para encubrir sus fracasos, la administración Trump intenta distorsionar la propia realidad, manipulando cifras de desempleo y creación de empleo.

La importancia del mercado para la administración Trump no puede exagerarse. En medio de las investigaciones relacionadas con el escándalo de Jeffrey Epstein, en el que Trump ha sido acusado de delitos graves, la fiscal general Pam Bondi desvió la atención sobre la posible implicación del presidente destacando, en cambio, el supuesto éxito del Índice Industrial Dow Jones.

La administración está plenamente comprometida con garantizar la prosperidad de las élites capitalistas a las que representa, y la guerra contra Irán no constituye una excepción.

A medida que la guerra estéril continúa y los fracasos militares estadounidenses se acumulan, es previsible que las declaraciones engañosas de Trump se multipliquen con el objetivo de mantener un control cada vez más precario tanto sobre la economía estadounidense como sobre los mercados globales.

La cuestión final es inevitable: ¿cuántas mentiras más serán necesarias para admitir que Trump ha terminado convirtiéndose en el principal derrotado de su propia estrategia?

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