Por: Ángel Moreta (Autor-Editor)
Desde que el señor Trump asumió la presidencia de Estados Unidos se divulgó por diversos medios de comunicación que él había dado órdenes para que la CIA infiltrara sus agentes en la política venezolana. Todo era tendente a una estrategia para influir, planificar, observar la vida institucional de Venezuela y tomar las recomendaciones necesarias para poder emprender cualquier acción en contra del presidente de Venezuela Nicolás Maduro.
Es decir, que la CIA reunió los documentos, los hechos y los medios para actuar en contra de ese presidente. Al parecer, la CIA realizó su trabajo y, en consecuencia, poder fraguar una planificación que diera al traste con la presidencia de la República Bolivariana de Venezuela. En los últimos días al 3 de enero 2026, y con anterioridad Trump, anunció que en el ataque que se decidió para la agresión a Nicolás Maduro los EU había utilizado armas y tecnología totalmente desconocidas para todo el mundo. Trump agregó que esas armas nunca fueron utilizadas en ningún país del mundo por su eficacia y capacidad letal. Mediante esas armas incógnitas liquidaron y asesinaron a más de 30 cubanos y 70 venezolanos.
Posteriormente, también agregó, de manera precisa, que Estados Unidos había planificado detalladamente la operación. Pero pese a ello había llegado a ciertos acuerdos con el presidente bolivariano, como era una visita a ese país y llegar a acuerdos para adquirir el petróleo que Venezuela producía, un petróleo duro diferente al petróleo liviano que produce los Estados Unidos por medio de la tecnología de esquisto.

Es decir, que el presidente de Estados Unidos Donald Trump conversaba con el presidente bolivariano y al mismo tiempo planificaba la operación que culminaría como agresión armada, asesinato de acompañantes y secuestro de ese presidente y su esposa la diputada Flores, lo cual se realizó secretamente en contra del mandatario aludido, quien fue sorprendido de manera artera.
De aquí se desprende, con claridad meridiana, que el presidente Trump engañó y traicionó vulgarmente al presidente Maduro; y que él mismo fue reducido a secuestro de manera canalla y soez.
De modo que Trump utilizó las vías del engaño y la traición. Apagaron todas las fuentes de energía en la madrugada del 3 de enero 2026, y entraron 140 aviones, según se ha establecido, venidos de República Dominicana, Puerto Rico y Trinidad Tobago.
¿De qué cargos se acusa al presidente de Venezuela?
Con el empuje del presidente Trump el Departamento de Estado de los EU formalizaron una acusación penal contra Nicolás Maduro y Cilia Flores, en el Distrito Sur de New York, endilgándole a la pareja presidencial acusaciones de suma gravedad que, en la medida en que avanza el proceso judicial, se han venido descartando algunas de las que se han conocido.

Se les acusa de conspiración de narcoterrorismo; se alega que Maduro trabajó con grupos de narcotráfico violentos y terroristas de las drogas para transportar cocaína hacia los Estados Unidos. También se le acusa de conspiración para traer cocaína y facilitar el envío de grandes cantidades de cocaína al territorio norteamericano. Y por último se le imputa a la pareja presidencial conspiración para la posesión de ametralladoras y dispositivos destructivos, incluyendo armas de guerra, en relación con actividades criminales. También se le inculpa tener responsabilidad como parte del entramado criminal, y vínculos con organizaciones criminales como el ejército de liberación nacional (ELN), el cartel de Sinaloa y el inexistente tren de Aragua, aunque no siempre se describen puntualmente en la acusación pública, pues son vacías y carentes de fundamento.
Detalles de las operaciones mediante las cuales tuvo participación en acuerdos de apoyo logístico
Como hemos visto, esas operaciones y hechos son un embeleco y forman parte de una planificación para sustentar acusaciones que no son nuevas, pero admitiendo supuestamente la participación en acuerdos de apoyo hacia la supuesta red criminal. Pero esas acusaciones son un embeleco porque no han presentado pruebas. Un embeleco es un muñeco de trapo.
Las operaciones que se le imputan a la pareja presidencial son un verdadero invento para extraer a Nicolás Maduro del poder político y al mismo tiempo robarse el petróleo que yace en el subsuelo de Venezuela. Eso hacen los Estados Unidos con los presidentes del patio trasero.
La pareja presidencial fue capturada tras una operación militar de los Estados Unidos en Venezuela, embeleco del cual Maduro y Flores niegan su complicidad, por lo cual se han declarado inocentes.

Dichas grotescas agresiones, cometidas por los Estados Unidos, han generado críticas fundamentales en el sentido de que se actuó con leyes de papel en las manos. Varios gobiernos han sido solidarios con la República Bolivariana, y EU ha respondido que se trató de una operación de aplicación de la ley, pero nos preguntamos ¿Cuáles son los fundamentos de esa acusación infame y que no tiene basamento en el derecho internacional y en el mismo Derecho de los EU?
Las acusaciones tenían el propósito de un cambio de régimen y de una difamación canallesca para apropiarse del petróleo
La figura presidencial fue presentada ante un juez federal en Manhattan, durante varias audiencias, en las cuales la pareja presidencial se declaró no culpable de los cargos, y, por tanto, inocentes de los hechos que facilitaron el secuestro.
En esas audiencias preparatorias se comprobó que el famoso Cartel de los Soles, que había servido de fundamento a las mismas, se desvaneció completamente y la pareja presidencial comenzó a ganar la batalla ante un tribunal ilegal que no tenía derecho a juzgarlos y que, por tanto, se trataba de un juicio extrajurisdicional, de un abuso innombrable que por su forma y su fondo asombraron a la mayoría de los países del mundo.
En términos estrictamente legales, para que un cargo de narcoterrorismo prospere, los fiscales deben demostrar que los acusados sabían que sus acciones contribuirían a actividades terroristas, o a financiar grupos violentos, que participan voluntariamente en la conspiración, lo cual nadie cree.
Estas acusaciones, a todas luces infames, elevan la gravedad del caso más allá de un típico delito de tráfico de drogas, por lo cual se percibe con claridad que este conjunto de mentiras esparcidas por el presidente de los Estados Unidos es carente de legalidad y que lo que se persigue en el fondo es crear pretextos para la difamación y la mentira, y el cambio de régimen.

Podemos decir que se trata de un expediente profundamente falso y mendaz. El cargo de conspiración de narcoterrorismo alega que los acusados negociaron y facilitaron la distribución de cocaína sabiendo que beneficiaría a organizaciones designadas, como el ejército de liberación nacional (ELN) y grupos militares señalados por Estados Unidos. Y que esto se hizo con intención de financiar y fortalecer estas redes criminales. ¿Pero como puede probar EU estas alegaciones canallas?
Pero en términos legales, para que una acusación de narcoterrorismo prospere los fiscales deben demostrar que el acusado tenía conocimiento de que la pareja presidencial participó en la conspiración, lo cual está lejos de la verdad.
Las leyes de EU criminalizan la distribución, posesión y conspiración de drogas cuando se sabe que los beneficios van a parar a organizaciones o actividades terroristas, y de esto no existen pruebas, como tampoco hay pruebas de la utilización de armas de guerra relacionadas con estas conspiraciones, lo cual es un absurdo porque se trataba de un jefe de las FFAA.
La atribución de tales acciones a la pareja presidencial es un hecho deleznable y es rechazable por su bajeza, por su carácter mentiroso y por constituir una justificación; y no probaran nunca que el presidente Maduro habría colaborado con el ejército de liberación nacional (ELN), el Cartel de los Soles; organizaciones terroristas, tráfico de cocaína a los Estados Unidos y otras acusaciones inventadas por la CIA norteamericana, forjadora de embelecos.
