Paula Companioni (teleSur, 10-3-26)
Cuando Haití aparece en las noticias internacionales casi siempre está asociado a las mismas palabras: crisis, violencia, pobreza o desastre. En el imaginario global, el país suele ser presentado como un territorio condenado a la inestabilidad permanente.
Pero rara vez se habla de las razones históricas y políticas que explican esa imagen.
Haití es frecuentemente descrito como el país más pobre de América y como una nación atrapada en una crisis sin fin. Sin embargo, esa narrativa deja fuera una pregunta fundamental: ¿cómo llegó Haití a esta situación?
Para empezar a responder hay que mirar hacia su origen como nación.
En 1804 Haití se convirtió en la primera república negra del mundo y en el primer país de América Latina y el Caribe en abolir definitivamente la esclavitud. Su independencia fue el resultado de una revolución protagonizada por personas esclavizadas que derrotaron a uno de los imperios coloniales más poderosos de la época.
Pero esa victoria tuvo un precio enorme. En 1825, Francia obligó a Haití a pagar una indemnización colosal a los antiguos colonos esclavistas a cambio de reconocer su independencia. Esa deuda, que el país tardó más de un siglo en pagar, hipotecó profundamente su economía.
Haití es, probablemente, el único país del mundo que tuvo que pagar durante más de un siglo por haber conquistado su libertad.
“El problema es que Haití, históricamente hablando, es el país que abanderó la revolución más radical en la historia del mundo”, explica el sociólogo haitiano Jean Eddy Saint Paul, profesor en Brooklyn College.
“La Revolución Haitiana se hizo bajo el lema ‘Libertad o Muerte’, en nombre de la ciudadanía y de los derechos socioeconómicos. Pero después del asesinato de Jean-Jacques Dessalines, el líder de la revolución, la economía empezó a funcionar como una economía semifeudal”, profundizó.
Con el paso del tiempo, señala Saint Paul, el poder económico y político fue concentrándose en manos de un pequeño grupo de actores vinculados al sector privado y a alianzas con poderes externos.
“Hoy la economía del país está en manos de unos pocos, y la gran mayoría de los haitianos no participa de sus beneficios”, resume.
Esta combinación de herencias históricas, desigualdades internas y presiones internacionales ayuda a entender por qué Haití enfrenta hoy enormes desafíos políticos, económicos y sociales.
Pero reducir el país únicamente a su crisis también oculta otra realidad: la de una sociedad que, a lo largo de su historia, ha construido múltiples formas de resistencia, organización y defensa de su territorio.
En los próximos meses exploraremos algunas de las preguntas que suelen quedar fuera de la conversación sobre Haití: ¿Qué intereses económicos están en juego en su territorio? ¿Por qué ciertos proyectos extractivos se presentan como soluciones para el desarrollo? Y, ¿qué impactos podrían tener para las comunidades y el medioambiente?
Mirar Haití desde estas preguntas permite ir más allá de los estereotipos y entender que su historia —marcada por una revolución que cambió el mundo— sigue influyendo en las disputas que atraviesan el país hoy.
“Debido a su historia, Haití es un país que los poderosos de la comunidad internacional no van a perdonar”, afirma Saint Paul, “pero el pueblo haitiano tiene una enorme capacidad de resistencia”.
