Rafael Aviña (La Jornada, 7-10-26)
En 1967, Ray Killen, predicador y supremacista blanco, ex líder del Ku Klux Klan, fue absuelto de los homicidios que él y otros miembros del KKK cometieron contra tres activistas de derechos humanos: Michael Schwerner, Andrew Goodman y James Chaney, quienes desaparecieron de un pequeño pueblo del estado de Mississippi en junio de 1964. No fue sino hasta 2005 que los crímenes de Killen salieron de nuevo a la luz y el responsable ya octagenario, fue condenado a 60 años de prisión. Aquellos asesinatos inspiraron al guionista Chris Gerolmo y al director Alan Parker para realizar la exitosa película Mississippi en llamas (1988) tenso y fascinante thriller de denuncia centrado en dos agentes de la FBI (Gene Hackman y Willem Dafoe) radicalmente opuestos en su forma de aclarar el caso.
De reciente estreno, A cualquier precio ( By Any Means, Estados Unidos, 2026) recupera no sólo los sucesos alrededor de los activistas desaparecidos que apoyaban a la comunidad afroestadunidense, sino un evento posterior que involucraba en ambos, a un brutal sicario de la mafia que de manera insólita fue contactado de manera ilegal para colaborar con la policía en los dos casos. Elegance Bratton (1979), responsable del documental queer Pier Kids (2019), retrato de tres jóvenes transgénero, y el largo de ficción La inspección (2022) sobre los conflictos de un marine cuestionado y acosado por su condición homosexual, consigue un vibrante y eficaz thriller de acción y violencia inspirado en otro atroz caso donde el Ku Klux Klan fue doblegado por la labor conjunta de un agente negro y un capo mafioso.
La acción de A cualquier precio se traslada a enero de 1966. Vernon Dahmer (Giancarlo Esposito), de raíces alemanas y afroestadunidenses, dueño de una tienda de comestibles y un aserradero, cargaba con una amenaza de muerte debido a su apoyo incondicional a la comunidad negra y a su labor de registro de votantes negros. Dahmer fallece debido a un incendio en su hogar provocado por varios “caballeros blancos” del KKK y es entonces que la FBI decide contratar de nuevo al asesino a sueldo Greg Scarpa (Mark Wahlberg) para resolver el asunto y con el fin de lavarse aún más las manos, “asciende” a detective al agente afroestadunidense Wayne Strider (Yahya Abdul-Mateen II) para apoyar a Scarpa.
Tal y como sucedía en Mississippi en llamas, el director Elegance Bratton coloca dos personalidades opuestas en pantalla que terminan por equilibrar sus diferencias. Si en el filme de Parker, Hackman representaba al sujeto duro y visceral acostumbrado a la violencia del sur estadunidense y Dafoe al policía cerebral que sigue los métodos académicos, en A cualquier precio, Wahlberg se roba la película encarnando al cínico y violento criminal adicto al sexo, el dinero y la tortura, como fiel reflejo del verdadero Scarpa; en cambio, el personaje del policía negro que supuestamente trabajó con éste en el caso, no sólo constituye la visión de una corrección política actual, sino la serenidad y justicia en un mundo en caos. Aunque, al final, Strider se percata de que la violencia también es necesaria para hacer valer los derechos de la comunidad.
Más allá de la excepcional recreación histórica, la impactante fotografía a cargo de Ante Cheng y notable banda sonora del jazzista Terence Blanchard, A cualquier precio es un relato de eficacia y elegancia narrativa que se apropia del pasado para sumergirse no sólo en los derechos humanos, sino en los violentos métodos de justicia muy en deuda con lo que propone a su vez La negociación, de Gus Van Sant y Una batalla tras otra, de Paul Thomas Anderson. Como colofón, Gregory “Greg” Scarpa (1928-1994), apodado La Parca o El Sombrerero Loco trabajó para la mafiosa familia Colombo de Nueva York, estuvo involucrado en usura, secuestro, narcotráfico, agresión y homicidios. Colaboró como informante de la FBI hacia 1962 para evitar la cárcel y ello le llevó a formar parte y resolver los casos de Mississippi a partir de interrogatorios ilegales y violentos.
