LA INVESTIGACIÓN – ACCION EN EL CONTEXTO ORGANIZACIONAL
INTRODUCCIÓN
La búsqueda de un tipo de investigación-acción (I-A), que pueda simultáneamente generar nuevas teorías y desarrollar organizaciones.
Una revisión de la literatura enseña que el concepto que se ha manejado de la I-A hasta ahora, ha dejado como saldo:
En el mejor de los casos, soluciones de primer orden, éstas son: soluciones directas a problemas concretos sin tocar el marco socio-organizacional establecido;
no se ve resultados de segundo orden, éstos son: cambios discontinuos que afectan de manera fundamental los paradigmas, la ideología, los valores y normas de los sistemas organizativos bajo análisis.
Algunos de los autores basan sus argumentos sobre I-A en primer lugar sobre las experiencias y literatura en Desarrollo Organizacional, bien pueden aplicarse igualmente a otros campos, donde la I-A ha sido ampliamente aplicada, como: el trabajo comunitario, la educación y los cambios en el sistema educacional, y las ciencias sociales en general.).
Cooperrider & Srivastva (1987) están convencidos que una I-A reconceptualizada tiene la potencialidad de jugar un papel sumamente importante en la era post-industrial, parecida al papel que jugó la "gerencia científica" en la era industrial (que dio toda una legitimidad, filosofía y metodología para las formas organizacionales burocráticas de aquella época). La I-A contiene la base paradigmática adecuada para una ciencia generadora de formas organizacionales post-burocrático e igualitaria que necesita el mundo actual.
Por qué ¿la I-A no ha podido cumplir toda su potencialidad hasta ahora?: porque según (Cooprrinder & Srivastva (1987), la I-A ha puesto demasiado énfasis en el aspecto acción a expensas de la investigación, subestimando el poder de una buena teoría para lograr cambios socio-organizacionales. Cuál es entonces según los autores la función del conocimiento teórico-social? No consiste en descubrir y verificar supuestas leyes, que permiten la predicción y el control social; sino en tener capacidad generadora, lo que significa: la capacidad de desafiar los supuestos dominantes de una cultura, de plantear preguntas fundamentales con respecto a la vida social cotidiana, de impulsar la reconsideración de lo generalmente aceptado, de proveer nuevas alternativas para la acción social.
Esta función no se ha cumplido hasta el momento porque los científicos sociales que aplican la I-A, exclusivamente concentrados en los aspectos problemáticos de la vida organizacional, ya no se asombran de las cualidades "maravillosas" de las organizaciones bajo análisis. Sin esto necesariamente falta la imaginación y el compromiso personal para poder reordenar nuestra conducta social.
La base metafísica de la tesis del artículo es que la existencia social se nos presenta como un "milagro", es decir: un fenómeno que nunca lograremos comprender en su totalidad. (Se refiere al filósofo francés Gabriel Marcel, existencialista-fenomenólogo). En este sentido la I-A no debería ser tanto una técnica o metodología, sino mas bien una actitud del investigador, una manera de participar en una variedad de organizaciones sociales, mirando más allá de las apariencias superficiales para encontrar la potencialidad de esta existencia social.
HACIA UNA TEORÍA GENERADORA EN LA INVESTIGACIÓN-ACCION
Durante las últimas décadas hemos vivido en las ciencias sociales una fuerte tendencia de alejarse de las ciencias naturales, con sus paradigmas lógico-positivistas. Antes se buscó establecer relaciones causales entre variables "objetivas", como: el tamaño de la organización, la estructura, el grado de centralización, etc. Últimamente un paradigma socio-racionalista está ganando terreno, dándose cuenta que en organizaciones humanas poco es predecible o preprogramado en un sentido físico. Organizaciones forman parte del universo simbólico, que está abierto a cambios, revisiones y desarrollos auto impulsado. Esta tendencia salió a luz muy claramente, por ejemplo en un sinnúmero de publicaciones en los años ’80 sobre "cultura organizacional", que llevaron a una lectura cultural de la organización humana, lo que ha tenido efectos revolucionarios para las ciencias humanas.
La importancia del orden simbólico vale todavía más en nuestro mundo postindustrial, donde la potencialidad de la interacción humana se ve definida sobre todo por nuestra capacidad de lograr acuerdos significativos. Según los autores, nunca antes en la historia las ideas (informaciones, convicciones, teorías) han sido tan determinantes para la realidad social.
Para justificar esta tesis Cooperrider & Srivastva (1987) describen brevemente la evolución de la sociedad humana desde una fase agraria a una fase industrial, en la cual también se dependía en cierto grado de sistemas de ideas para permitir su sostenibilidad. Pero ahora, cuando vivimos la transición de la sociedad industrial a la postindustrial (informativa), la información se ha convertido en la unidad primordial de intercambio. Si consideramos que la ciencia no hace más que producir ideas/teorías, entonces en el mundo actual debe ser tratada como uno de los agentes más poderosos de cambio Esta visión no encaja de ninguna manera con un concepto lógico-positivista de la ciencia, pero presenta enormes oportunidades y responsabilidades.
Se refiere a Kurt Lewin, psicólogo social, quién fue el primero hace medio siglo de formular este concepto: "No hay nada tan práctica como una buena teoría." Sin embargo, precisamente en el momento que se presentan estas enormes oportunidades para la I-A, este tipo de investigación falla totalmente en cumplir con las expectativas. Varios autores han criticado el hecho que los practicantes
de la I-A se ponen "ateóricos", no ponen atención en cómo crear una teoría.
Argyris (’83) ve dos explicaciones para este fenómeno:
Los profesionales se comportan en su práctica demasiado "client-centered" (centrado en el cliente), es decir que falta la distancia necesaria del marco de referencia de sus clientes; los académicos, en cambio, son demasiado positivistas.
una alternativa socio-racionalista.
Kurt Lewin ya tenía una visión bastante clara hace 50 años, sobre como integrar la investigación con la acción, pero a la vez tenía ciertas ambigüedades y contradicciones epistemológicas. Según Kenneth Gergen estas ambigüedades formaron parte de una estrategia defensiva intencional contra el paradigma lógico-positivista dominante en aquella época. Ahora se nota los tiempos más maduros para un tal cambio de paradigma en las ciencias sociales.
Kenneth Gergen (’82) Toward Transformation in Social Knowledge (Hacia una transformación en el conocimiento social) ofrece una buena síntesis de este cambio de paradigma, indicando como se puede revitalizar a la I-A que nunca logró su potencialidad completa. Esta obra se considera como la compleción del trabajo medio acabado por Kurt Lewin.
Una de los supuestos centrales del socio-racionalismo es la inestabilidad fundamental de cualquier orden social. Aceptando por un momento la tésis del social-construccionismo que la realidad social está basada en significados compartidos ampliamente por grupos humanos, cambios en los esquemas básicos conceptuales potencialmente llevarían a cambios profundos en el orden social. Bajo este concepto se descarta la predictibilidad del comportamiento humano. El ser humano no reacciona automáticamente a estímulos, su comportamiento depende más bien de su interpretación (simbólica) de una situación, es decir de la manera como él entiende su experiencia.
Mientras lo anteriormente expuesto es aceptado ampliamente, poca atención se ha prestado a las consecuencias para una teoría de la ciencia. La predictibilidad se logrará en un grupo humano, sólo en la medida que éste sea homogéneo y estable en cuanto a sus construcciones conceptuales. Una ciencia social que tiene como primer criterio la predictibilidad, sirve necesariamente el estatus quo social. La ciencia social que tiene como criterio generar alternativas de acción social, servirá los cambios sociales. Hasta ahora, según Kenneth Gergen, no se ha explorado suficientemente la capacidad de una teoría social de crear/cambiar sistemas sociales.
En esta concepción, qué es una buena teoría?: la que estimula el diálogo sobre cómo deberíamos y quisiéramos organizarnos.
La lógica de esta propuesta se resume en los siguientes diez puntos:
1. El orden social existente siempre es producto de amplios acuerdos sociales.
2. Las acciones sociales-organizacionales no son impuestos por la naturaleza.
3. Todas las acciones son posibles de interpretar de múltiples maneras (interpretaciones son históricas).
4. Conveniencias, históricamente enraizadas, imponen lo válido y lo verdadero, y determinan lo que los científicos están capaces de observar, (nuestras teorías filtran – como lentes – nuestras observaciones).
5. Nuestras acciones dependen de nuestras ideas/teorías. La gente es libre de transformar sus ideas, transformando de esta manera sus acciones.
6. Esta transformación de las ideas/teorías se realiza en primer lugar a través del idioma: cambiando prácticas lingüísticas se llega a cambios de conductas sociales.
7. Una teoría social es como un idioma especializado, con un fuerte potencial para entrar en el sistema cultural general.
8. Toda teoría es normativa.
9. Toda teoría social es moral (no existe una teoría neutra).
10. Teorías sociales (conocimientos válidos) se crean en una comunidad.
RE-DESPERTANDO EL ESPÍRITU DE LA INVESTIGACIÓN-ACCION
De lo anteriormente expuesto llegamos a la conclusión que la teoría social puede ser muy importante para lograr cambios, pero a la vez se observa una gran indiferencia de la I-A hacia la teoría!
Según el punto de vista de los autores, la filosofía socio-racionalista de la ciencia conduce a valorar el papel de la teoría. Los practicantes de la I-A subscriben generalmente esta filosofía, sin embargo cuestionan el papel de la teoría. Los autores analizan algunas de las suposiciones actuales de la I-A, que explican esta contradicción.
Paradigma I:
La perspectiva dominante de la I-A actual sobre organizaciones como problemas para solucionar.
Kurt Lewin, famoso psicólogo social, es considerado el padre espiritual e intelectual de la I-A, inventando el término en 1944. Escribió: "Hay que considerar la acción, la investigación y la formación-capacitación como un triángulo que tiene que quedarse unido."
La promesa de la I-A era doble:
contribuir al desarrollo del conocimiento científico;
aplicar estos conocimientos para mejorar las condiciones humanas.
La influencia de Kurt Lewin no se debe a sus escritos (que eran escasísimos), pero son el resultado de su pasión contagiosa en el contacto directo. Como refugiado del fascismo alemán antes de la segunda guerra mundial, era muy motivado para buscar formas democráticas y justas. Parece que el espíritu original ha desaparecido de la I-A, lo que queda es una serie de supuestos que poco o nada tienen que ver con la visión de K. Lewin.
Los autores (Cooprrinder & Srivastva (1987), presentan seis supuestos actuales de la I-A, que explicarían su falta de aportar a teorías generadoras.
Supuesto 1:
Investigación = solución de problema.
Una "buena investigación" resuelve algún problema "real", práctico. Todas las definiciones de I-A se reducen a metodologías para solucionar problemas prácticos.
Supuesto 2:
Investigar = seguir reglas estandardizadas.
El conocimiento sería solamente el resultado de una buena metodología. Siguiendo algunos pasos establecidos (diagnóstico, recolección de datos, retro-alimentación, planificación de la acción, …) se lograría casi automáticamente un conocimiento utilizable. Las gerencias consideran generalmente a su organización como un proceso estandardizado, el problema es visto como una desviación de la norma establecida. Entonces se trae a la I-A (utilitaria y técnica) para tratar los problemas que generalmente son detectados por la gerencia superior.
De esta manera, el problema es definido entonces como desviación de una situación ideal, ya conocida, y la I-A se convierte en un mecanismo súper conservativo, contribuyendo al estatus quo social. La I-A sirve así – y hasta mal – los intereses de la gerencia, en vez de estar al servicio de un interés social más amplio.
