Por: Angel Moreta (Autor-Editor)
Es irracional que no se suspendan las repatriaciones. El influjo migratorio haitiano es insostenible. Solamente en 2022 fueron deportados a su país más de 130 mil extranjeros irregulares, casi todos de origen haitiano. Es irracional, desproporcionado e irregular que el país cargue con la responsabilidad de asegurar el bienestar de la nación haitiana. Miles y miles de ciudadanos haitianos ingresan diariamente al territorio dominicano, y no hay fuerza humana capaz de suspender esta situación.
E ingresan al territorio nacional mediante todas las formas posibles. Ingresan por vía del ejército nacional, que es una fuente de corrupción en cuanto a migración se refiere. Ingresan por vía de las bandas criminales que operan en la frontera y que participan del negocio jugoso de transportar ciudadanos haitianos hacia la República Dominicana.
Y finalmente cabe mencionar la presión sistemática que realizan los Estados Unidos sobre las autoridades dominicanas para que se suspendan las repatriaciones. Es una política hábilmente impuesta desde Washington, y con sus satélites Francia y Canadá. La presión que ejercen estos países poderosos es equivalente a torcer el brazo del presidente de la República y, por ende, equivalente a una fuerza aluvionar que puede llegar a la amenaza de golpe de Estado.
Por ello el presidente de la República ha optado por hacer silencio y mientras tanto colaborar con esas potencias, haciendo silencio y dejando pasar a grupos que presionan en ese sentido a lo largo de toda la frontera. A esto se acompaña con pasividad, el silencio y el dejar hacer y el dejar pasar a los ciudadanos haitianos ilegales, al margen de la Constitución dominicana y de leyes especiales que permiten la organización de la migración no regularizada.
El control fronterizo no existe en el país, lo que existe es que los dejan pasar y entrar según se realiza la presión correspondiente para afectar la Constitución y las leyes.

Fronteras terrestres
Los delegados de naciones unidas y expertos independientes para los derechos humanos y el alto comisionado para los derechos humanos William O’ Neil, han hecho un llamado para que se descontinúe las repatriaciones de haitianos y otros extranjeros, debido al estado de inseguridad que viven Haití.
República Dominicana es el único país con fronteras terrestres con la República de Haití. Siendo República Dominicana un país “en vías de desarrollo”, y no responsable de las condiciones económicas y sociales de ese pueblo, es a todas luces desproporcionada la pretensión de que nuestro país cargue con la responsabilidad de asegurar el bienestar social de los haitianos.
Pero esto es irracional y los delegados de la ONU de manera supina pretendan que se suspendan las repatriaciones. Es una obligación irrenunciable de la oligarquía haitiana, y una responsabilidad compartida de la comunidad internacional. El deber del gobierno dominicano es con los ciudadanos dominicanos, y no con los ciudadanos del vecino país.
Como dijo el presidente de la República Dominicana, son unos irresponsables que pretenden ponernos en las manos la solución de los problemas de Haití.
El máximo influjo migratorio haitiano de los últimos años, es insostenible, pues solo en 2022 República Dominicana realizó deportaciones contra 120 y tantos extranjeros irregulares, casi todos de origen haitiano.
Para un país como la República Dominicana esa cifra de inmigrantes irregulares es imposible de acoger sin que se produzcan graves conflictos sociales. Pero al mismo tiempo constituye una presión inadmisible al presupuesto nacional.

Las estadísticas del servicio nacional de salud (SNS), muestran el fuerte impacto en el gasto público de los servicios sociales que se ofrecen a los inmigrantes ilegales o irregulares, por más humanismo que se considere.
En 2018 el 13% de los nacimientos en toda la República correspondían a madres haitianas, aumentando al 23.7% en 2018; al 27.2% en 2020; al 30.5% en 2021; al 33.1% en 2022 y al 34 % en 2023 (estadísticas hasta el mes de mayo 2023).
Un grito nacional
La suspensión de las repatriaciones es un grito nacional, sabiendo los dominicanos que Haití vive una situación dramática y que los Estados Unidos, Canadá y Francia empujan al gobierno dominicano a suspender las repatriaciones. Casi la mitad de la población de Haití, 2.2 millones de adultos y 3 millones de niños, necesitan ayuda social humanitaria, sin contar que miles de jóvenes enfrentan niveles pronunciados de violencia de genero.
Nunca vimos una situación tan mala como la que se vive ahora, es decir, pobreza, hambre y desnutrición sin precedentes, economía paralizada, reaparición de enfermedades infecciosas mortales y una inseguridad masiva que crea una espiral de violencia letal. Esto lo dije Katherine Russell, quien es directora ejecutiva de Unicef.
“como comunidad internacional, debemos decir que no podemos ver como este país se desmorona por completo”. “por eso mi trabajo es intentar llamar la atención sobre ese problema y asegurarnos de que la gente entienda lo terrible que es esta crisis humanitaria, y el impacto que está teniendo en la infancia”.
Russell repitió algunas de las historias que había escuchado en un centro para sobrevivientes de violencia de género en una zona peligrosa de la capital, Puerto Príncipe.
“Una niña de once años embarazada de ocho meses contó como cinco hombres la agarraron en la calle y la violaron, agregando que dio a luz días después de su conversación. También en el centro de la ciudad, Russell escuchó a una mujer que describió como unos hombres irrumpieron en su casa y la violaron. Y cuando su hermana de 20 años se resistió, la mataron prendiéndole fuego”

Complicidad de la policía y el gobierno
Ambos sectores de la sociedad haitiana son cómplices de las bandas criminales. Esa es la situación en Haití en este momento en el cual lo que nos va llegando a nivel informativo es el constante accionar de los grupos armados paramilitares, que actúan fundamentalmente en Puerto Príncipe. Los pueblos del interior están tranquilos y a la prensa amarilla y extranjera les encanta divulgar atrocidades en Haití.
Pero las cosas no son tan evidentes como las narra la prensa. Es a la oligarquía y a los gobiernos haitianos que les conviene divulgar situaciones improbables. Cientos de mentiras han divulgado sobre los sectores de la policía y de las bandas criminales.
Es probable que sean escuadrones de la muerte, armadas por Estados Unidos y la comunidad internacional, Canadá y Francia principalmente, para doblegar el movimiento popular haitiano, sembrar el terror, evitar el levantamiento y organizar elecciones buscando imponer el estatus quo a través de los comicios.
Ese es el plan ahora, buena parte de la policía haitiana y el gobierno son, como dice Henri Boise Roland, integrante del comité democrático haitiano en Argentina y analista de los temas haitianos. Carlos Aznarez publicó en teleSur su artículo “Haití, sectores de la policía y el gobierno son cómplices de las bandas criminales”, a las cuales hemos llamado, sectores de las troikas haitianas.
Canadá y Francia son satélites de los Estados Unidos. Persiguen la estrategia de que la República Dominicana se haga cargo del pueblo haitiano, supliendo todas sus necesidades materiales. Ya conocemos, ya conoce el pueblo dominicano la estrategia de que República Dominicana sirva de guarda campestre a las troikas y a la oligarquía haitiana. Y como conocen esta jugada ya no están dispuestos a la suspensión de repatriaciones y a la suspensión también de las deportaciones.
La presión que ejerce sobre el presidente de la República Luis Abinader los Estados Unidos y sus satélites, constituye un abuso excesivo y una irresponsabilidad del Departamento de Estado. Y es que pretenden con su geoestrategia y su política a cuenta gotas con respeto a la soberanía de la República Dominicana, los lleva siempre a vulnerar nuestra Constitución y nuestro ordenamiento jurídico. La creencia de que somos el patio lleva a Estados Unidos a tener que amenazar inclusive con golpes de Estado, y llamadas telefónicas para decirle al presidente lo que debe hacer y no hacer.
Nuestro país ha sido objeto de traiciones históricas en todos los sentidos. La traición actual es producto de un mundo unipolar que ha creado un entorno a favor del imperialismo norteamericano, por lo cual la lucha debe ser construir un mundo multipolar que permita relaciones con todos los países del mundo, para quitarle al Departamento de Estado la idea de que somos esclavos de los Estados Unidos y sus satélites.
