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¡Bienvenidos a Traquetolandia!

Escrito por Debate Plural

Renán Vega Cantor (El Colectivo, 23-7-26)

Antes se llamaba Colombia, mundialmente conocida como Macondo por la pluma de Gabriel García Márquez y ahora traquetos de todos los pelambres la han convertido en Traquetolandia. Así como existen países que usan el sufijo landia, derivado del alemán land, para denotar una tierra o un país, tales como Groenlandia (tierra verde), Tailandia (tierra de los libres), Islandia, (tierra de la isla congelada), ahora en América del Sur se ha consolidado Traquetolandia, literalmente la “tierra de los traquetos”.

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Traquetolandia no es, ni mucho menos, el resultado fortuito de unas elecciones presidenciales, en que ha sido escogido para ocupar la Casa de Narquiño uno de los prototipos más representativos del mundo traqueto, sino que se ha incubado en la media duración, que se proyecta a los últimos 35 años de nuestra historia y, por supuesto, tiene elementos heredados de la larga duración, que se remiten a fines del Siglo XIX, en tiempos de la Regeneración y de la cincuentenaria Hegemonía Conservadora (1885-1930), entre otros la intolerancia religiosa, la intransigencia política y el anticomunismo cerril.

Traquetolandia es un producto de paisalandia, con su carácter expansivo, racista, agresivo, machista, católico, violento, del “echado p’lante”, del “emprendedor pujante” que ha guiado la expansión paisa desde el Siglo XVIII, a la que cierta literatura académica, promovida inicialmente desde los Estados Unidos (siendo el geógrafo James Parsons su principal impulsor), le atribuyó un ethos particular y creó la mentira de la “democrática” colonización del occidente de Colombia (el mito original o fundador de lo Paisa). Esa falacia se mezcló en la década de 1970 con la subcultura del narcotráfico y el paramilitarismo, las cuales le aportaron ostentación, derroche, lujo extravagante, exhibición pública de riqueza y poder, cosificación de la mujer, búsqueda de dinero fácil, culto a las armas y la violencia…, todo lo cual hoy caracteriza al mundo traqueto, es decir, al sujeto lumpesco y neoliberal a la colombiana.

De esa mezcla surgió la cultura traqueta. Así, “Los ‘paisas’ con todo esa jovialidad que nos caracteriza, realizamos verdaderos carnavales sangrientos, a los que llamamos genéricamente como masacres del «el Aro», «de Ituango», del «Retiro», …. la lista es muy grande; cambiamos el hacha que nuestros mayores nos dejaron por herencia por la moderna y eficaz motosierra, cortando todo obstáculo que se impusiera a nuestro emprendimiento” [Hancer Andrés Henao, Crítica del “Ethos Paisa”, febrero 11 de 2019. Disponible en: Crítica del «Ethos Paisa” – Microfilosofía | Filosofía, psicología y pensamiento crítico].

Lo paisa no es sinónimo de lo antioqueño, porque en esa misma tierra de montañas están los otros, a los que los paisas les niegan su tierra y existencia y los desprecian (indígenas, negros, mestizos de color cobrizo…) Y esos antioqueños no solo han soportado en carne propia la expansión paisa, sino que la han enfrentado y han hecho significativos aportes a la historia y a la cultura de Colombia, con poetas, filósofos, artistas, escritores y pensadores.

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De manera esquemática pueden bosquejarse algunas de las características de Traquetolandia y que hacen de los traquetolenses o traquetoleños una vergüenza para el continente y el resto del mundo (por sus miles de mercenarios, por ejemplo), aunque ellos crean que son los reyes del planeta, a los que todos envidian y quieren imitar.

Traquetolandia tiene la palabra patria a flor de labios, pero su “patria” es una gran hacienda con un gamonal, un terrateniente y un pastor religioso al frente, ahora preferentemente evangélico sionista, y con millones de peones obedeciendo con la cabeza gacha. Con la noción de la “patria milagro” se realiza la más descarada entrega del país, de sus bienes naturales a los Estados Unidos y sus empresas. Porque sí es un verdadero milagro que se pretenda ser patriota y amar a los Estados Unidos, como lo hacen un porcentaje significativo de los habitantes de Traquetolandia, cuyo sueño es irse a vivir a Miami, la capital mundial de la gusanería.

Traquetolandia no es, no puede ser, una “República de las Letras”, es el reino de la ignorancia. generalizada. Por eso, se ha planteado la eliminación del Ministerio de Educación o su conversión en un centro de fanáticos religiosos que van a volver a la enseñanza obligatoria de los viejos catecismos católicos (el del Padre Astete) y los biblias de las intolerantes sectas protestantes Made in USA. Porque queda claro que para convertirnos en una sociedad de peones amaestrados debe erradicarse todo lo relacionado con el cultivo del espíritu. En traquetolandia no se necesitan maestros, lo que se requiere son milicos y policías, para guardar el orden de los sepulcros y, como es bien sabido, los cuarteles no es que sean un dechado de formación educativa.

Traquetolandia es el reino del odio y del anticomunismo visceral, porque los traquetolenses no piensan ni reflexionan ‒eso está muy alejado de su ethos lumpesco‒ solo destilan odio verbal y práctico. En su psique se encuentra justificada de antemano la exterminación de los que son denominados comunistas, castro-chavistas o guerrilleros, y bajo esta denominación caben los 13 millones de personas que votaron en contra del traqueto de frac y habitan las regiones pobres, humildes y periféricas de lo que se llamaba Colombia.

Traquetolandia es el paraíso de los narcos, delincuentes, matones, corruptos, terratenientes, “empresarios de bien” y delincuentes de toda catadura, que florecen con sus negocios de la misma forma que lo hacen los verdaderos dueños del país, los mismos de siempre. Para todos ellos, el resto de los habitantes del país deben ser obedientes, sumisos y serviles. O si no se les da plomo ventiado, según las enseñanzas del Señor de las Sombras y mucho más lejos del conservador y “pájaro” (matón) Laureano Gómez.

Sin embargo, la demagogia y la mentira institucionalizada, que difunde falsimedia criolla, están a flor de piel y los hampones que están al mando del Estado presumen de honestidad, transparencia y dicen combatir el negocio de la cocaína, mientras que por debajo de la mesa hacen jugosas transacciones al lado de sus patrones de Estados Unidos, la DEA, el Comando Sur, el Departamento de Estado y de sus socios, como el narco Daniel Noboa que preside a Ecuador.

El discurso de la “honestidad”, que predican hampones de vieja data en Traquetolandia, es la justificación del ataque criminal, mediante bombardeos y fumigación aérea, a las economías campesinas, con lo que se busca despejar completamente el campo para que se implanten megaproyectos mineros, se arrase con la biodiversidad, los paramos y las selvas con la lógica que debe impulsarse “fracking y plomo a la lata”, porque como lo exhiben con toda impunidad beligerantes traquetolenses, al referirse al Paramo de Santurbán y justificar la explotación minera en ese paraíso de belleza natural e hídrica, afirman que “vale más el oro que el agua” y por eso su consigna es “Oro sí, agua no”.

Traquetolandia se jacta de ser el mejor alumno de Israel y sus prácticas genocidas, a las que toman como genuino modelo a seguir e imitar para acabar con los que osen oponerse a sus lógicas criminales. Por ello, se van a reanudar relaciones diplomáticas con los genocidas, que otra vez van a ser posible el sueño húmedo de los traquetolenses, que consiste en demostrar que seguimos siendo el “Israel de Sudamérica”. Nuevamente, llegarán los instructores sionistas del crimen, a seguir adiestrando en el uso del terror para imponer el orden de la muerte al estilo israelí, como ya lo hicieron la década de 1980, con la preparación de grupos de asesinos en el Magdalena Medio, que han dejado a su paso un reguero impresionante de colombianos muertos, desaparecidos, torturados y exiliados.

En Traquetolandia, siguiendo la estela de Estados Unidos, Israel y El Salvador, se van a ampliar, modernizar y fundar nuevas cárceles, a donde se recluyan a miles de sus habitantes, sobre todo aquellos desobedientes, que no se resignan a ser peones sumisos y resignados. Traquetolandia es una gran cárcel y al mismo tiempo un vasto cementerio, con lo que se regresa a las épocas más tenebrosas de nuestra historia contemporánea, como en tiempos de la (in)Seguridad (anti)Democrática. 

En Traquetolandia se ha impuesto otra vez la educación religiosa que obliga a rezar varias veces al día, aunque con una importante muestra de involución: ya no existe el monopolio de la religión católica, apostólica y romana, sino que proliferan los cultos evangélicos y cristianos, que predican la anticiencia, el culto a la riqueza y al poder y exaltan la violencia y la brutalidad contra los que declaran sus enemigos.  Por eso en Traquetolandia las creencias evangélicas, siguiendo el ejemplo de los Estados Unidos, dominan en todos los renglones de la vida cotidiana, en el futbol, en la farsandula, en la política… Ya la Selección de Futbol de Traquetolandia lo acaba de demostrar, porque gran parte de sus jugadores son evangélicos confesos, que se arrodillan cada rato para agradecerle a Dios por no ganar nunca y apoyan las causas más retrogradas, como el rechazo al aborto, y políticamente se ubican en el espectro de la extrema derecha y eso ha quedado registrado en fotografías y videos en los que declaran su fidelidad al Traqueto de Frac elegido como presidente de este desgraciado territorio.

En traquetolandia se desprecia y persigue a las diversidades sexuales y se predica el regreso a la familia tradicional, con la mujer en la casa, y los hijos educados en la centenaria Urbanidad de Carreño.

En Traquetolandia se han vuelto a desempolvar los viejos símbolos del país de rezanderos, camanduleros, fanáticos y una violencia a flor de piel que caracterizó, por ejemplo, la época de la Regeneración. Uno de sus símbolos distintivos, el del escudo nacional, que inmortalizó el caricaturista Alfredo Greñas a finales del siglo XIX, con calaveras, cadenas, cruces, espadas y sangre y que los tracotelenses están actualizando con la incorporación de la motosierra, la estrella de David y la bandera de Estados Unidos como trasfondo. Su lema distintivo es: “Todo traquetolense lleva una motosierra en el corazón”.

La cultura traquetolense se distingue por la vulgaridad, la adoración de los capos y poderosos, la estética lumpen, el lujo de mal gusto, la conversión de las mujeres en objetos plásticos, artificiales y en muñecas de la mafia para su consumo sexual. Pablo Escobar y Alvaro Uribe Vélez son sus ídolos favoritos. De ahí que en los sitios turísticos y centros comerciales se vendan suvenires con la imagen del capo del Cartel de Medellín, hoy por hoy el principal prócer de Traquetolandia, sin discusión de ninguna clase.

Sus artistas de cabecera son Maluma, al que un atrabiliario gobernador de Antioquia, cuya ignorancia es abismal y cuyo nombre no vale la pena ni recordar, calificó de poeta urbano del mismo nivel que Jorge Luis Borges, y Silvestre Dangond, el paramilitar del vallenato. Por su hubiera dudas sobre el nivel de la cultura traquetolense solo basta recordar estos versos de Maluma, que son un auténtico “poema de amor” y “respeto” a las mujeres: “Estoy enamora’o de cuatro babies/ Siempre me dan lo que quiero/ Chingan cuando yo les digo/ Ninguna me pone pero’//Quieren que la’ lleve pa’ Medallo/ Quieren que la’ monte en carro del año/ Que a una la coja, la otra la apriete/ Y a las otra’ dos le’ dé junta’ en el baño.

Y agreguemos este dicho de Silvestre Dangond, que refleja bien la cultura de los traquetolenses: «Pa´ que sepa, pa´ que sepa que Uribe se respeta».

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Por suerte, en Traquetolandia no hay solo traquetos, sino que la mayor parte de la sociedad está formada por trabajadores, gentes humildes y plebeyas y sobre todo seres humanos dignos y decentes. Lo que sucede es que en Traquetolandia dominan los antivalores propios de la mentalidad traqueta, que quiere implantarse en todo el territorio a punta de sangre, fuego y motosierra. No sorprende en esa dirección que un Concejal de Medellín ‒el epicentro fundacional de lo traqueto‒ proponga que en Traquetolandia deben bombardearse a las poblaciones que se niegan a reconocer el poder de los traquetos, y hay que borrarlos del mapa, así como han hecho los paisas en su voraz proceso expansivo por el territorio nacional.

A pesar de la prédica anticomunista un espectro ronda en Traquetolandia, el de la lucha de clases, porque para convertir al país en una colonia gringa, en una inmensa hacienda exportadora, destruir la naturaleza, bombardear los cultivos indígenas y campesinos, paramilitarizar campos y ciudades, construir mega cárceles, echar a la calle a miles de empleados del Estado, eliminar varios ministerios …resulta muy optimista suponer que eso se va a hacer sin resistencia ni oposición. Y esa resistencia la encarnan los no traquetolenses, la inmensa mayoría de lo que alguna vez se llamaba Colombia.

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