Mirko Casale (Russia Today, 21-10-26)
El matrimonio Trump-Zelenski, como casi todo matrimonio arreglado, nunca se caracterizó por ser un matrimonio feliz. Pese a que ha logrado permanecer unido durante más de un año y medio, ahora pareciera estar haciendo aguas definitivamente. Y si ya es feo cuando las disputas matrimoniales afloran en público, ya sea en una reunión familiar, un paseo por el parque o una cena en el restaurante, imagínense lo feo que luce cuando esta surge frente a cientos de millones de espectadores en todo el mundo.
Esta nueva crisis conyugal tiene su origen en el anuncio de Trump de que EE.UU. empezaría a importar diésel ruso y no impediría que también lo hagan otros, anuncio que obviamente cayó como jarro de diésel frío, perdón, de agua fría en Zelenskilandia. Sin embargo, lejos de ser un disgusto momentáneo y rápidamente superable, la novedad sentó las bases de una escalada que no cesa.
Estabilizar los precios de la energía es un objetivo electoral de Trump, fundamental de cara a sus (escasas) aspiraciones de éxito en las próximas elecciones de medio término
Es decir, las declaraciones de Zelenski de que la decisión de la Casa Blanca era "un regalo" para Vladímir Putin y los comentarios de Trump diciendo que "es momento de que Ucrania tenga un nuevo presidente" no parecen producto de un calentón pasajero, sino de un calentamiento previo de cara a subir el tono todavía más.
Algo que era de esperar después de que el régimen de Kiev ignorara nuevamente una tregua energética con Moscú y atacara otra refinería rusa al día siguiente de que esta se anunciara. A este respecto, hace falta subrayar cómo estabilizar los precios de la energía es un objetivo electoral de Trump, fundamental de cara a sus (escasas) aspiraciones de éxito en las elecciones de medio término del 3 de noviembre.
Una escalada imparable
De modo que la escalada no solo no se detuvo, sino que ha ido a más. Pocos días después, en una entrevista, Zelenski afirmó sentirse textualmente "traicionado" por la Administración de Trump, mientras este retomaba sus viejos señalamientos de que el excómico "no es un buen tipo" y "no quiere llegar a un acuerdo". Y, como en toda crisis matrimonial que se respete, las acusaciones que arrancaron con apenas adjetivos descalificativos pronto derivaron en acusaciones directas.
Por ejemplo, desde Kiev señalaron que los terminales de Starlink, claves para el manejo de los drones y misiles de las fuerzas banderistas-zelenkistas, habían visto limitada su velocidad de conexión y no dudaron en acusar a la Casa Blanca de haber ordenado dicha limitación. Por su parte, SpaceX, la empresa responsable de esos terminales, negó tener nada que ver con dicha reducción y el secretario de Estado de Trump afirmó que desde Washington no se dio ninguna orden en ese sentido. Y, la verdad, está difícil decidir quién dice la verdad cuando la duda es entre dos mentirosos compulsivos como Zelenski y Rubio.
Pero si la de los terminales satelitales fue una acusación grave, todavía más resultó serlo otro señalamiento lanzado desde Kiev: el de que, durante varios días, Washington dejó de compartir inteligencia con ellos y encima no dio alerta de varios ataques rusos con misiles balísticos, como solían hacer antes. Al igual que sucedió con Starlink, Marco Rubio salió a desmentir que aquella interrupción hubiera tenido realmente lugar, dejándonos otra vez con la duda de quién estaría faltando más a la verdad en este caso, si 'Mentirenski' o 'Mentirubio'.
Como en todo proceso de separación, también hubo lugar para las indirectas en público. Como cuando Zelenski, de paso por Bruselas para –oh sorpresa– pedir dinero, se refirió a los gobernantes de la Unión Europea como "los verdaderos líderes", mientras al otro lado del charco –menos indirecto– Trump en respuesta lo calificaba como "completamente incompetente".
Cuando parecía que la ruptura no podía ser más melodramática, el presidente estadounidense bloqueaba un paquete de sanciones antirruso aprobado por el Congreso a instancias del fallecido senador Lindsey Graham, mientras que Zelenski y compañía seguían golpeando objetivos energéticos dentro de Rusia. O, en otras palabras, a falta de gasolina a precios razonables, ambos han seguido echando agua sobre el fuego… de su relación.
Una unión más allá de Trump y Zelenski
Llegados a este punto, alguien podría pensar que la ruptura es inminente e inevitable, pero hay que ser muy cautos. Por una parte, recordemos que no es la primera vez que ambos discuten acaloradamente en público, como en febrero de 2025, cuando probablemente no llegaron a las manos solo porque había cámaras presentes. ¿Y después? Pues mucho bla, bla, bla, pero no cambió gran cosa: EE.UU. siguió vendiendo armas a Kiev –pagadas por la Unión Europea, eso sí– sin las cuales se verían forzados a levantar la bandera blanca en una semana, ayudándolos con información de inteligencia sin la cual el banderismo-zelenskismo se vería obligado a pelear con una venda en los ojos, además de manteniendo el grueso de las sanciones contra Rusia y hasta preparando nuevos paquetes, etc.
Pero más importante aún que esos antecedentes es el hecho de que la unión entre Zelenski y Trump, por muy endeble que luzca en estos momentos, es un matrimonio arreglado y, a su manera, de conveniencia, por lo que en este caso aplican ciertas condiciones especiales.
Cuando Zelenski ganó las elecciones en 2019, su país ya estaba comprometido con quien ocupara la Casa Blanca y cuando Trump volvió a asumir el poder, su país estaba completamente comprometido on la guerra 'proxy' del Occidente Colectivo contra Rusia a través de Ucrania. En ese aspecto, su unión es como la de un matrimonio arreglado entre dos familias: la del ultranacionalismo ucraniano, por un lado, y la del complejo militar industrial estadounidense, por el otro. Una unión que no es tan fácil de disolver de la noche a la mañana, por muchos problemas que haya entre los cónyuges.
Mucho menos cuando, además de arreglado, se trata de un matrimonio de conveniencia, donde ambas partes –tanto las familias como la actual 'pareja de novios’– han mantenido un exitoso negocio corrupto de compraventa de armamento durante más de diez años. En ese sentido, es una situación similar a la de un matrimonio que, además de compartir hogar, comparta la propiedad o dirección de una empresa multimillonaria: por muy mal que se lleven, preferirán mantener un matrimonio ficticio antes que poner en riesgo un negocio real.
De modo que habrá que estar atentos a la evolución de esta crisis matrimonial, pero siempre teniendo en cuenta que, al contrario de lo que pasa en las telenovelas, en geopolítica lo que ocurre tras bastidores es mucho más trascendente, que lo que se muestra en pantalla.
