Leopoldo Santos Ramírez (La Jornada, 22-10-26)
La conversación mexicana sobre las elecciones en Estados Unidos en su mayoría gira en torno a si los demócratas serán capaces de obtener la mayoría de los escaños de la cámara de diputados y la de senadores. La esperanza de que eso suceda se funda en la extendida idea de que para nosotros es mejor tratar con demócratas, y no con republicanos, pero la experiencia de la vieja relación entre los dos países enseña que con cualquiera de esos dos, la ventaja será siempre del país vecino, así sea en temas de desarrollo y seguridad. Los chicanos de los años 70 lo tuvieron claro, y fundaron el Partido de la Raza Unida, RUP, por sus siglas en inglés, promoviendo candidaturas relevantes de mexicoamericanos a las gubernaturas de varios estados, y obtuvo triunfos en distritos escolares y municipales. Ante la amenaza electoral que representaba, el RUP fue prohibido en 1979 por el Congreso de Texas, abriéndole camino a los partidos Demócrata y Republicano para quedarse con la masa de votantes que los chicanos habían educado a través de la lucha electoral.
Ahora, 2026, si ocurriera una derrota para los republicanos en las elecciones de noviembre próximo –aún si las trampas electoreras de Trump fueran rebasadas– no habrá cambios favorables para México y América Latina, y las condiciones, con alta probabilidad podrían empeorar. Pero si para México no habrá cambios positivos en la relación bilateral, tampoco los habrá para Estados Unidos internamente.
Como el abogado y activista Ralph Nader ha dejado claro: en estas elecciones de término medio “se han dejado de discutir aspectos centrales de la vida política y social de los estadunidenses, debido a la cobardía y corrupción de Hakeem Jeffries, el líder demócrata en la Cámara de Representantes, y Chuck Schumer, líder demócrata en el Senado”. (Informe en Blog de Ralph Nader, y Política, julio 2026). Ambos manejan la cúpula del poder electoral del Partido Demócrata empeñando sus esfuerzos chuscos para no entrar de lleno a la pelea política que definirá el futuro de Estados Unidos.
Dice Nader: “han ignorado las propuestas de participación ciudadana y sindical progresistas que podrían haberles mostrado cómo lograr victorias aplastantes, elección tras elección, contra el peor Partido Republicano de la historia”. Nader obtuvo notoriedad después de publicar su estudio sobre la seguridad en automóviles de los años 60: “Inseguro a cualquier velocidad”. Puso en jaque a General Motors y a Chevrolet, pero con ellos a toda la industria automotriz, que desde entonces hubieron de realizar cambios importantes en la seguridad de los carros. Ahora, fiel guardián del interés de los ciudadanos, ha desarrollado una campaña para criticar al Partido Republicano, pero también al Demócrata. Desde el inicio del gobierno de Trump, ha mantenido su reclamo porque el Partido Demócrata no ha querido someter a juicio político a Trump, a pesar de que 84 por ciento de los ciudadanos están de acuerdo con el juicio, y hay un grupo de legisladores republicanos que votarían por enjuiciar al presidente. La respuesta de los demócratas consistió en que para el juicio, sí tienen minoría en ambas cámaras. Nader no pudo menos que exhibir a la cúpula demócrata por no ver al juicio político como un instrumento de movilización: “el juicio político es un catalizador para movilizar a los votantes, para educar y motivar a la gente en sus distritos”. Pero el juicio político es sólo uno entre tantos al que los demócratas han dado respuestas evasivas, como el caso de Trump y su familia; violando la ley, en un año ganaron 2 mil millones de dólares, pero la acción de los demócratas no fue más allá de la denuncia verbal mal planteada, provocando la risa del dictador. Como en elecciones pasadas, los demócratas de élite han obstaculizado las candidaturas de demócratas progresistas y socialistas, pues se les hace más fácil aguantar los años restantes de Trump, aunque con ello lleve a las instituciones del Estado a la catástrofe. Incluso, internacionalmente la política de favorecer a Israel en su masacre continua contra Palestina y las guerras contra Irán, Yemen, Líbano, Siria y Nigeria, al ser guerras no declaradas, son ilegales en cuanto no han contado con el aval del Congreso. Sin embargo, el Partido Demócrata no hará nada contra Trump e Israel debido al AIPAC, el lobby demócrata que defiende los intereses del país sionista, así como a las fábricas de armamento. En estas circunstancias, de ganar los demócratas el Congreso, como planteaba al principio, la situación de México con Estados Unidos no cambiaría. La cuestión es si tendremos respuestas concretas para enfrentar un panorama ensombrecido, cuando hemos gastado energías febriles, encandilados por un T-MEC ilusorio, y hemos perdido tiempo sustancial para afianzar alianzas internacionales que nos permitirían sortear los nuevos retos.
