Jonathan Cook (Voces del mundo, 17-7-26)
Durante décadas la Unión Europea (UE) ha ideado formas cada vez más enrevesadas de evitar sancionar los asentamientos ilegales de Israel, incluso cuando estos acaban con la solución de dos Estados que, según afirma, es el único camino hacia la paz en la región.
¿Si les pidieran que se cortaran un brazo lo harían?
¿Y si les señalaran que ese brazo solía dar puñetazos en la cara a un vecino con tanta violencia que le rompía la nariz y los dientes, y lo dejaba inconsciente? ¿Se cortarían entonces el brazo?
Supongo que la respuesta a ambas preguntas es un rotundo «no».
Y esa es precisamente la razón por la que la Unión Europea, el Reino Unido y Estados Unidos no tienen la más mínima intención de retirar su apoyo a los asentamientos judíos ilegales de Israel en Cisjordania y Jerusalén Este, por muy violentos que resulten ser los colonizadores judíos que viven en las tierras palestinas robadas.
Durante décadas las milicias de colonos —respaldadas por soldados israelíes— han golpeado a palestinos, les han disparado, han envenenado sus pozos, han talado sus olivares y han incendiado sus hogares, todo ello en un intento de llevar a cabo una limpieza étnica para expulsarlos de su patria histórica.
La implacable expansión de estos asentamientos ilegales ha hecho añicos cualquier esperanza de una solución de dos Estados. Cisjordania es ahora un archipiélago de pueblos y ciudades palestinas aislados unos de otros por colonos violentos que actúan como merodeadores, carreteras de apartheid exclusivas para judíos, barreras de acero y hormigón y puestos de control del ejército.
Todo esto ha ocurrido a la vista de los Estados occidentales a lo largo de muchas décadas. La Corte Internacional de Justicia, el tribunal más alto del mundo, dictaminó ya en 2004 —hace casi un cuarto de siglo— que estos asentamientos judíos violaban el derecho internacional y debían ser desmantelados.
Reiteró esa exigencia en una resolución de hace dos años en la que identificaba a Israel como un Estado de apartheid que gobierna sobre los palestinos. Advirtió a los Estados que «tomaran medidas para impedir las relaciones comerciales o de inversión que contribuyeran al mantenimiento de la situación ilegal creada por Israel en el territorio palestino ocupado».

Y, sin embargo, Occidente no ha hecho nada significativo año tras año, mientras los asentamientos siguen robando cada vez más tierra a los palestinos, han hecho que sus vidas allí sean cada vez más miserables y han echado por tierra cualquier posibilidad de la supuesta ambición de Occidente de que dos Estados convivan uno junto al otro.
Recuerden esto cuando los defensores de Israel les digan que esperen a la sentencia definitiva de ese mismo tribunal —dentro de uno o dos años, o quizá tres— sobre lo que a principios de 2024 consideró un genocidio «plausible» en Gaza, apenas tres meses después de que Israel iniciara allí su matanza masiva.
No solo será cualquier fallo de este tipo demasiado tardío para suponer diferencia alguna para las víctimas del genocidio, sino que Estados Unidos, Gran Bretaña y Europa no harán absolutamente nada más para castigar a Israel por este crimen de crímenes — algo que podemos comprobar por nosotros mismos sin necesidad de un fallo de la CIJ — de lo que han hecho al castigar a Israel por los asentamientos.
Un puñetazo
¿Por qué? Porque la mayoría de los Estados occidentales no están más dispuestos a imponer una sanción a Israel por sus crímenes de lo que ustedesestarían dispuestos a amputarse un brazo sano.
Si se niegan a mover un dedo para detener el genocidio de los palestinos en Gaza retransmitido en directo, ¿por qué demonios iba alguien a imaginar que están dispuestos a hacer algo para impedir que los violentos colonos israelíes lleven a cabo una limpieza étnica en Cisjordania?
Los asentamientos están tan profundamente integrados en Israel como su brazo está unido a su hombro. Y, a su vez, Israel es el puño de la maquinaria bélica del Occidente imperial tanto como la City de Londres y sus antiguas colonias, que eran paraísos fiscales, son el corazón palpitante de la maquinaria financiera del Occidente imperial.
Las élites occidentales no pueden imaginar un mundo sin Israel como su matón militar en el Oriente Medio rico en petróleo, del mismo modo que usted no puede imaginar la vida sin su brazo.
Eso explica por qué nadie creía realmente que los ministros de Asuntos Exteriores de la UE, reunidos una vez más esta semana para debatir la prohibición de los productos de los asentamientos —lo mínimo que desde hace tiempo están obligados a hacer en virtud del derecho internacional—, fueran a llegar a un acuerdo.
Más de cien expertos en Derecho habían escrito anteriormente a los máximos responsables de comercio y política exterior de la Comisión Europea para subrayar la «obligación jurídica internacional» de la UE.
Pero, tal y como todos habían previsto, los ministros de la UE dejaron la decisión para más adelante —al menos hasta octubre—, cuando acordaron celebrar más conversaciones sobre las conversaciones.
La UE lleva retrasando la adopción de medidas significativas para abordar la cuestión de los asentamientos al menos desde 2004, cuando la Corte Internacional de Justicia (CIJ) los declaró ilegales.
Un año después de ese fallo la UE publicó un Acuerdo Técnico que eliminaba los aranceles comerciales preferenciales de los que disfrutan los productos israelíes para cualquier artículo producido en los asentamientos ilegales. Israel aceptó únicamente porque había tantas lagunas y formas de eludir la norma que no tuvo ningún efecto práctico en absoluto.
Pasaron otros siete años —en 2012— antes de que la UE comenzara a expresar su preocupación por estas lagunas, incluido el hecho de que Israel etiquetara habitualmente de forma errónea los productos de los asentamientos como «Fabricado en Israel».
Tres años más tarde, la UE se decidió por fin a fingir que estaba cerrando esas lagunas. En noviembre de 2015, once años después de la sentencia de la CIJ, la UE publicó una «nota interpretativa» en la que exigía que las etiquetas de los productos de los asentamientos indicaran: «Producto de Cisjordania (asentamiento israelí)».
Una vez más, Israel simplemente ignoró la nota y siguió etiquetando erróneamente los productos, o mezclándolos con productos fabricados en Israel, lo que dificultaba determinar su procedencia.
Una pantomima pura y dura

Recordemos que estas largas y absurdas disputas no tenían como objetivo prohibir los productos de los asentamientos, ni siquiera imponer aranceles punitivos. Se trataba simplemente de etiquetarlos correctamente.
A día de hoy, la inmensa mayoría de los consumidores de toda la UE no tiene ni idea —incluso si los artículos estuvieran correctamente etiquetados, cosa que casi nunca ocurre— de que están comprando productos que apoyan la violenta campaña de Israel para llevar a cabo una limpieza étnica de los palestinos de su tierra natal.
Fue a causa de esta farsa absoluta que las organizaciones de la sociedad civil comenzaron a acusar enérgicamente a la UE de complicidad en la limpieza étnica que Israel lleva a cabo contra los palestinos en Cisjordania y Jerusalén Este, y a exigir, en su lugar, la prohibición total de todos los productos de los asentamientos.
Estos críticos llevan ya más de una década dándose cabezazos contra una pared. Aún no han conseguido nada, como confirma una vez más la reunión de la UE de esta semana.
Incluso si lograran una victoria dentro de uno o dos años para prohibir los productos de los asentamientos, Israel seguiría pudiendo recurrir a las mismas estrategias que ha utilizado durante los últimos 22 años para evitar cualquier impacto significativo. Los consumidores europeos seguirían subvencionando directamente la violencia de las milicias de colonos judíos y la expulsión de los palestinos de sus hogares.
Todo esto no ha sido más que puro teatro —o, para ser más exactos, pantomima— para dar a entender que se está llevando a cabo algún tipo de proceso administrativo, que se están explorando vías legales, que Israel pagará algún día un precio por su programa de limpieza étnica de los palestinos, que se remonta a décadas atrás.
Y, sin embargo, en realidad nunca ocurre nada. Lo máximo que la UE está dispuesta a hacer es lanzar un hueso a sus críticos imponiendo sanciones simbólicas a un par de docenas de los colonos más violentos —de una población total de colonos de casi 700.000—.
Esos colonos no acabaron en Cisjordania y Jerusalén Este por casualidad. La mayoría fueron animados a trasladarse allí por el Estado israelí con ofertas de viviendas baratas, tipos hipotecarios más bajos y una mayor financiación de los servicios educativos y otros servicios municipales.
Cabe señalar también que este fracaso estrepitoso guarda relación con el objetivo explícito de Israel al ampliar sus asentamientos: socavar la solución de dos Estados que Occidente dice ansiar como única vía para llevar la paz a la región.
El hecho es que Europa, el Reino Unido y los Estados Unidos no tienen ningún interés en la solución de dos Estados. Si lo tuvieran, habrían utilizado el fallo de la CIJ de 2004 como fundamento para prohibir los productos de los asentamientos, dar a esa prohibición un peso real y amenazar a Israel con la pérdida de todos los acuerdos comerciales preferenciales con Occidente hasta que respetara el derecho internacional y eliminara todos los obstáculos para la creación de un Estado palestino, incluidos los asentamientos.
No hicieron nada de esto porque esa nunca fue su intención.
Su única preocupación es mantener a Israel —su «pitbull» en Oriente Medio— bien alimentado y cuidado.
Si Israel quiere que los asentamientos sigan expulsando a los palestinos de sus tierras hasta que no quede ningún palestino en ellas, Occidente no se opondrá.
Del mismo modo, si Israel quiere seguir atacando deliberadamente a niños palestinos en Gaza con el objetivo de matarlos, tal y como determinó recientemente una investigación de las Naciones Unidas, Occidente también hará la vista gorda ante ello.
Si los soldados israelíes y las milicias de colonos judíos quieren tomar como rehén a un congresista estadounidense en Cisjordania, como hicieron brevemente con el político demócrata Ro Khanna la semana pasada, ningún líder occidental va a armar un escándalo al respecto.
Puede que Israel sea un Estado delincuente, pero es un Estado delincuente creado íntegramente a imagen y semejanza de la élite occidental. La única preocupación real de Occidente es asegurarse de que sus propias poblaciones no se den cuenta, mientras observan cómo un Estado genocida hace desaparecer a los palestinos, de que están mirándose en el espejo.
