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El martes negro, ‘Mr. Veto’ y la emergencia del socialismo democrático

Escrito por Debate Plural

Carlos Fazio (Mate Amargo, 6-11-26)

Las cúpulas dirigentes de los dos partidos políticos principales forman parte, en realidad, de una sola entidad: el Partido de la Guerra.

En su fase nihilista el imperio se resquebraja. Donald Trump perdió por paliza. El resultado de las elecciones de mitad de mandato en Estados Unidos fue devastador: los demócratas ganaron ambas cámaras legislativas y varias gubernaturas. La llamada “ola azul” (el color del Partido Demócrata) exhibió el enojo de millones de estadounidenses agraviados y empobrecidos; fue un voto de castigo a la arrogancia, a las políticas supremacistas y a la corrupción política del todavía autócrata de la Casa Blanca, pero no precisamente a favor de los demócratas, que son la alternativa de recambio de la “insurgencia plutocrática” (término acuñado por Robert J. Bunker)[1] en la guerra de clases –“En efecto, hay guerra de clases (…) pero es mi clase, la clase de los ricos, que está haciendo la guerra, y nosotros la estamos ganando”, Warren Buffet dixit–[2] de arriba hacia abajo al interior del imperio.

En algo contribuyó a ese desenlace el tóxico genocida sionista Benjamín Netanyahu, quien en febrero pasado convenció a Trump y su círculo aúlico de iniciar la guerra ilegal y no provocada contra Irán. Con el paso de los días y los meses, el conflicto terminó metiéndose en el bolsillo de los estadunidenses: empantanado por la eficaz guerra de desgaste defensiva asimétrica de la nación persa, la escalada militar del Pentágono y su proxy Israel en el Golfo Pérsico elevaron el costo de los combustibles y los fertilizantes, y erosionaron lo que el magnate pregonaba como su principal activo: la economía.

La crisis política y económica de Trump, quien había convertido la elección de medio término en un plebiscito sobre su persona (llegó a decir “Voten como si yo estuviera en la papeleta”), terminaron por pasarle factura al Partido Republicano. El encarecimiento de los combustibles (42% la gasolina, 72% el diésel desde marzo pasado), los alimentos, la vivienda y las primas de salud, además de los aranceles comerciales que impactaron a la canasta básica y los pequeños negocios, golpearon el bolsillo de las familias. A su vez, las violentas y criminales redadas del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) y el rechazo a una política exterior marcada por otra “guerra eterna”, alimentaron el descontento de millones de sufragantes que castigaron en las urnas al partido del Presidente y abrieron paso al avance de los demócratas, la otra mafia ligada a los corporativos plutocráticos y al deep state (Estado profundo) que gobiernan los pasos del jefe de turno de la oficina oval.

En un primer control de daños, el vicepresidente de EE.UU., JD Vance –‘ahijado’ político del tecnoplutócrata Peter Thiel, principal accionista de Palantir Technologies, corporación ligada al Pentágono, la CIA y nave nodriza del nuevo complejo militar industrial digital que cumple un papel fundamental en el genocidio y la limpieza étnica en Palestina ocupada y Líbano, y donde también tiene acciones el comandante en jefe de las deportaciones, Stephen Miller, subjefe de gabinete y consejero de Seguridad Nacional de Trump–, quien ahora ve mermadas sus posibilidades en la carrera hacia la nominación republicana para las elecciones presidenciales de 2028, reconoció que la principal causa de la derrota fue la guerra contra Irán.

A horas de la derrota, Vance enumeró en X las cuatro cuestiones que tendría que resolver el gobierno trumpista para volver a ganar la confianza de sus seguidores: terminar la guerra, enfocarse en el costo de vida/inflación, poner a “EE.UU. primero” y cambiar la relación de Washington con Israel. Con matices, Trump también lo aceptó. Incluso, antes que se cerraran las urnas, Trump pareció aceptar que los cuatro (4) mil millones de dólares de asistencia anual a Israel eran políticamente negativos e impopulares, y decidió retirar el apoyo al régimen de apartheid sionista. (Aunque con una mano retiró ese apoyo, con la otra ya había pasado a la Cámara de Representantes la nueva Ley de Autorización de Defensa Nacional (NDAA) con un presupuesto de 1.15 billones de dólares que en su Artículo 219, incorpora la denominada Iniciativa de Cooperación en Tecnología de Defensa Estados Unidos-Israel, que incluye “investigaciones mancomunadas” y “asociaciones industriales”).

El supermartes podría marcar el inicio del fin de la era del magnate. También podría significar un freno a la oleada ultraderechista que ha expandido un autoritarismo reaccionario de rasgos fascistoides en el orbe. Pero no hay que hacerse muchas ilusiones. Tampoco hay que olvidar, como decía James Petras, que el imperio es un caballo con dos jinetes: el partido Demócrata y el Republicano. Ambas agrupaciones políticas forman parte de una estructura de Estado permeada por el verdadero sindicato del crimen.

No es una exageración: en 1935, después de haber recorrido durante 33 años todo el escalafón del Cuerpo de Marines –de capitán a general de división–, Smedley Butler, señaló en su obra clásica: “Yo fui un mafioso (racketeer.) Dediqué la mayor parte de mi tiempo a actuar como matón de alto nivel al servicio de las grandes empresas, de Wall Street y de los banqueros. En resumen, era un mafioso al servicio del capitalismo (…) Fui recompensado con honores, medallas y ascensos. Echando la vista atrás, creo que podría haberle dado a Al Capone algunas pistas. Lo máximo que él pudo hacer fue llevar a cabo sus actividades (gangsteriles) en tres distritos de la ciudad (Chicago). Nosotros, los Marines, operábamos en tres continentes. La guerra: el negocio del crimen organizado funciona a pleno rendimiento hoy en día en nuestro propio país”.[3]

Casi un siglo después, otro crítico del sistema, Gerald Celente, en su más reciente artículo titulado “Vote Ud. por su miembro favorito de la organización del cártel de crimen organizado bipartidista”, publicado el 3 de noviembre (día de los comicios) por la revista Trends Journal, pasa lista de todos los presidentes desde Lyndon Johnson hasta la fecha y los crímenes de lesa humanidad perpetrados bajo el gobierno de cada uno, recordando que el genocidio en Gaza empezó bajo el régimen y con el patrocinio del demócrata “Genocide Joe” Biden.[4] Celente califica a los políticos de ese cártel bipartidista como personas despreciables, arrogantes, del bajo mundo. De allí el ruidoso silencio de los demócratas en campaña sobre el fétido y escandaloso “sindicato Einstein”, encabezado por el “suicidado” Jeffrey Epstein, doble agente del Mossad y la Banca Rothschild, de alcance geopolítico, que enlaza erotismo, pedofilia, espionaje, chantaje, banca y ciberarmas, y salpica de “mierda” –diría el ideólogo de MAGA, Steve Bannon– a Hillary Clinton y a otros buenos e inmaculados políticos demócratas.

En confluencia con lo anterior, Chris Hedges, señala: “Desde la presidencia de Bill Clinton, el Partido Demócrata (…) es la versión más pulida del dominio corporativo y oligárquico, sumisa de forma abyecta a la maquinaria bélica, al lobby israelí y a sus financiadores de la clase megamillonaria. El país está destrozado. La corrupción, en ambos partidos, es endémica. Las agencias federales han sido vaciadas de contenido y destruidas. Los tribunales, incluido el Tribunal Supremo, han caído en manos de ideólogos de derechas. La clase trabajadora está paralizada por la servidumbre por deudas y los salarios por debajo del mínimo. Se han eliminado las normas y protecciones constitucionales. Los multimillonarios, incluido Trump, pagan muy poco o nada en concepto de impuesto sobre la renta”.[5]

El ‘pato cojo’ conducirá a una catástrofe mundial?

En su lucha existencial ante el declive de su hegemonía (dada la fragilidad y el rezago de su industria militar y la pérdida de su liderazgo económico), el imperativo imperial no va a cambiar. Ante la emergencia de competidores como China, India, Rusia e Irán, la esencia del hegemón del sistema capitalista sigue intacta. Llegado el caso, la “doctrina Donroe” –el llamado corolario del actual mandatario a la Doctrina Monroe y a la Estrategia de Seguridad Nacional que guía los pasos de la política exterior estadunidense desde hace 200 años–, será continuada por un sucesor demócrata. Así ha funcionado siempre.

A partir de ahora Trump se convertirá en un presidente en retirada. Ante la imposibilidad de presentarse a un tercer mandato, el magnate se ha convertido en un pato cojo (lame duck). Su poder omnímodo se verá limitado, pero como jefe del Ejecutivo seguirá teniendo mucha fuerza. Por lo que Celente y otros analistas críticos consideran que en el interregno de aquí al 3 de enero de 2028, cuando la nueva camada de la banda/pandilla (gang) se incorpore al Congreso, Trump podrá hacer lo que quiera porque no tiene nada que perder.

Es decir: el Congreso cambiará de manos, pero Trump seguirá controlando la guerra, que es el motor y reproductor del sistema. Por lo que herido en su ego, para compensar la fuerza que perdió en las urnas y defender su ansiado “histórico” legado, podría ensayar una fuga hacia adelante y desatar otra escalada bélica contra la República Islámica iraní (en Ucrania los demócratas son más halcones que Trump) de consecuencias imprevisibles; incluso catastróficas, ante la eventualidad del uso del arma nuclear táctica, como mencionó en los últimos días el otro ideólogo de MAGA, Tucker Carlson, ahora distanciado de Trump. También, aunque descartó esa variable, para autoexculparse, Trump podría sacrificar al secretario de Guerra, Peter Hegseth, achacándole al bocón del Pentágono el desastre bélico frente al “destruido” e “inexistente” ejército iraní.

La novedad es que la agenda legislativa de la Casa Blanca queda congelada. El próximo Congreso tendrá el poder de los dineros (el presupuesto), los comités y los citatorios, y es previsible que de cara a las elecciones presidenciales de 2028, los usará.

Por lo que podrían venir investigaciones sobre los escandalosos negocios de la familia presidencial y sus negociadores de cabecera: su yerno Jared Kushner y Steve Witkoff, al frente del cártel inmobiliario, secundados sin muchos subterfugios sobre el campo de batalla por el estratega de la dictadura del dólar, el secretario del Tesoro, Scott Bessent, exgestor de fondos globales, y Howard Lutnick, presidente de Cantor Fitzgerald, una de las firmas más influyentes de Wall Street, quien encarna el nacionalismo económico en su versión más pragmática, con el advenedizo secretario de Estado y competidor de Vance por el sillón de la oficina oval, Marco Rubio, quien representa la dimensión ideológica y moral del equipo trumpista en el tablero global.

El día de los comicios, el congresista demócrata por California, el peruano-estadunidense Robert Garcia, llamado a presidir el Comité de Supervisión y Reforma Gubernamental de la Cámara de Representantes, lanzó una advertencia de apenas dos palabras tras las proyecciones que concedían a su partido la mayoría en la Cámara Baja: “Lawyer up”, una expresión que puede traducirse como “Busquen abogado”.

La frase apareció en un comunicado difundido por los demócratas del Comité de Supervisión después de las elecciones legislativas y anticipa una agenda de investigaciones sobre el entorno del presidente Donald Trump y actuaciones de su administración. La nota oficial señala cuatro frentes prioritarios: los presuntos conflictos de intereses y casos de corrupción relacionados con el clan Trump, la corrupción empresarial, posibles abusos del Departamento de Seguridad Nacional (DHS) y del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) y el aparato de deportaciones, y la gestión de los documentos vinculados al fallecido delincuente sexual Jeffrey Epstein. Los demócratas utilizan en el comunicado la expresión “Trump Crime Family” y hablan de un supuesto encubrimiento en relación con los archivos de Epstein. Se trata de acusaciones políticas formuladas por el grupo parlamentario, no de hechos judicialmente establecidos por el anuncio.

Asimismo, el gang demócrata podrá investigar el manejo de los aranceles, además de un probable intento de juicio político (impeachment, procedimiento de destitución o juicio de desafuero), más simbólico que práctico, porque destituir al Presidente exige 67 votos en el Senado. La nueva mayoría también podrá congelar confirmaciones de jueces y funcionarios, incluidas eventuales vacantes en la Reserva Federal.

La respuesta probable de Trump no es un misterio. Diversos medios revelaron el fin de semana que la Casa Blanca llevaba meses preparando un esquema para gobernar sin el Congreso si perdía las cámaras, apoyado en órdenes ejecutivas, declaratorias de emergencia y el veto. No sería una novedad, sino una profundización. En menos de dos años, Trump ha firmado casi 300 órdenes ejecutivas, un ritmo sin precedente en la historia moderna. El pleito de los próximos dos años se mudará, por lo tanto, a los tribunales, el mismo terreno donde la Suprema Corte ya le recortó en febrero los aranceles de emergencia. Ergo, gobierno por decreto de un lado, amparos y citatorios del otro, con la tensión institucional como telón de fondo del “juego” a la democracia liberal formal.

¿David vs Goliat o ricos contra pobres?

Ante ese oscuro escenario, la debacle republicana ante sus adversarios demócratas –tildados indistintamente por Trump de “comunistas”, “radicales de izquierda” o “yihadistas” que van a “destruir” a Estados Unidos–, ha generado expectativas mediáticas sobre un “cambio posible” en la nación imperial. La respuesta sarcástica del candidato demócrata triunfador al Senado por Michigan, el musulmán de ascendencia egipcia, Abdul El-Sayed, a las declaraciones de Trump sobre la ayuda financiera a Israel, y la inyección de 270 millones de dólares (post pago de impuestos) del tecnomagnate Elon Musk al Comité de Apoyo Republicano en Texas, se encuentran entre los asuntos destacados al margen de las elecciones. También el hecho de que Rashida Tlaib, representante musulmana y palestina en el Congreso y una de las figuras más odiadas por Trump, logró regresar a la Cámara de Representantes por el estado de Michigan.

Asimismo, como símbolo de la respuesta de un sector de la ciudadanía consciente frente a las salvajes políticas criminales del ICE, los medios han destacado las características multiétnicas de varios vencedores, entre ellos, la primera mujer indígena en gobernar un estado, Dab Haaland, demócrata de Nuevo México, perteneciente a la etnia Laguna Pueblo; sus también correligionarios de origen mexicano, Gina Hinojosa, originaria de Brownsville y exlegisladora estatal, quien se define como “populista”, venció al gobernador republicano de Texas (bastión tradicional del partido oficial desde 1990), el ultrareaccionario Greg Abbott, co-constructor del muro fronterizo con Trump, y Xavier Becerra, nativo de Sacramento, hijo de madre mexicana y padre estadunidense criado en México, quien alcanzó la gubernatura de California, el estado más poblado de Estados Unidos, tras derrotar al republicano Steve Hilton, exconductor de Fox News respaldado por Donald Trump; considerado un pragmático cauteloso, Becerra no se identifica como progresista. A ellos se suma, Keisha Lance Bottoms, la exalcaldesa de Atlanta y asesora principal del expresidente Biden, quien será la primera mujer afroestadunidense en gobernar Georgia, tras imponerse al multimillanario Rick Jackson, quien gastó más de 200 millones de dólares de su fortuna para suceder al republicano saliente, Brian Kemp.

Otro elemento que afloró en el marco de los comicios, fue el nuevo protagonismo en las urnas del llamado socialismo democrático, una expresión minoritaria dentro del Partido Demócrata, pero que ha dejado de ser marginal tras la victoria en enero de 2026, de Zohran Mamdani, en la emblemática alcaldía de Nueva York. El Democratic Socialists of America (DSA), es una organización que cuenta en sus filas con otras figuras de proyección nacional como Alexandria Ocasio-Cortez, quien el 3 de noviembre ganó la elección por el Distrito 14 de Nueva York (que abarca zonas de El Bronx y Queens), lo que le asegura un quinto mandato consecutivo en la Cámara de Representantes de Estados Unidos y la ya mencionada Rashida Tlaib. A su vez, sin ser miembro del DSA, el veterano senador Bernie Sanders es el gran referente histórico del socialismo democrático. El nuevo personaje emergente, que marca un relevo generacional, es Abdul El-Sayed, electo senador en Michigan.

Por su parte, sin pertenecer al DSA, James Talarico, electo senador por Texas, es quien mejor articula hoy al llamado “populismo” progresista, con un discurso que elude la confrontación entre republicanos y demócratas, y plantea la lucha entre los de abajo –trabajadores, granjeros, pequeños comerciantes y estudiantes– contra lo que califican “plutocracia” u “oligarquía”, cuyas caras incluyen a Elon Musk, el hombre más rico del mundo, quien reside en Texas, junto con Jeff Bezos y los titanes de Valle del Silicio. Talarico es un exmaestro de escuela primaria de San Antonio, quien en campaña vinculó el alza en los precios de todo a la avaricia de los más ricos, a guerras impopulares en Medio Oriente y a una clase política vendida y corrupta.

Talarico calificó a su contrincante republicano, Ken Paxton, como “la encarnación de este sistema corrupto”. Denunció que Paxton es dueño de 15 casas y ha incrementado su fortuna en 27 millones de dólares, y fue sometido a juicio político por aceptar sobornos. Dijo en campaña: “(Paxton) No es servidor de ustedes, se sirve a sí mismo”, y subrayó que “ésta es la putrefacción en el centro de nuestro sistema político descompuesto. Por eso es que no podemos pagar la gasolina o alimentos o salud, porque el sistema está amañado por milmillonarios y políticos chuecos (…) Esta elección es sobre si queremos un senador que les sirve a ustedes o sirve a los megadonantes milmillonarios, y Paxton tiene al ultra megadonante Elon Musk, quien está intentando comprar esta curul del Senado por Texas… Musk quiere nuestras tierras, nuestra agua… quiere a su propio senador estadunidense personal. Está intentando comprar Texas, pero este 3 de noviembre vamos a entregar un mensaje clarísimo al primer billonario del mundo: Texas no está a la venta.”[6] A su vez, un día después de la elección, Bernie Sanders señaló que el Partido Demócrata debe “someterse a una reforma fundamental e inmediata” y responder a las necesidades urgentes de la gente trabajadora, “no a los ricos contribuyentes de campaña”.

Ante las nuevas expectativas de cambio creadas, cabe recordar que en 2008 Barack Obama también hizo historia al convertirse en el primer presidente afroamericano de Estados Unidos. Durante su campaña, Obama hizo referencia varias veces a la icónica frase “Tuve un sueño”, pronunciada el 28 de agosto de 1963 por Martin Luther King Jr. en su discurso más célebre en la Marcha sobre Washington por el trabajo y la libertad. Con la elección de Obama, parecía que el sueño de King se había hecho realidad. Entonces, también, Obama dijo que su victoria representaba el “poder” del pueblo. Incluso antes de comenzar su carrera guerrerista recibió el Premio Nobel de la Paz. Ahora, al igual que el senador independiente Bernie Sanders, Obama apoyó a Abdul El Sayed, quien se opone al exterminio en Gaza pero está a favor de la guerra de la alianza otanista en el territorio de Ucrania en el intento por desmembrar a Rusia.

Tal vez se puede resumir la coyuntura nacional postelectoral en Estados Unidos, señalando que Trump decía que quería un cambio de régimen en Irán y Cuba, pero, por ahora, sólo lo logró en su propio país. A su vez, resulta evidente que las cúpulas dirigentes de los demócratas y los republicanos forman parte del “Partido de la Guerra”: Trump ganó porque se opuso a la guerra eterna” por delegación de Biden y Kamala Harris en el territorio de Ucrania contra Rusia, y hoy los demócratas vencen al magnate de la Casa Blanca por su guerra no provocada en Irán. ¿Cambiará algún día esa dinámica?

Notas:

[1] Robert J. Bunker, Plutocratic Insurgency Reader, Small Wars Foundation, 2019.

[2] Ben Stein, «In Class Warfare, Guess Which Class is Winning», The New York Times, 26 de noviembre de 2006.

[3] Smedley Butler, In ‘Times of Peace’: The Army, Common Sense, Vol. 4, No. 11, noviembre de 1935, pp. 8-12.

[4] Gerald Celente, “Elections USA: Vote for Your Favorite Member of the Two-Party Crime Syndiate”, 3 de noviembre de 2026 https://www.youtube.com/watch?v=xJ1bw0_Fw₈

[5] The Chris Hedges Report, “Thoughts on the Midterm Elections”, 4 de noviembre de 2026. https://chrishedges.substack.com/p/thoughts-on-the-midterm-elections

[6] David Brooks y Jim Cason, “Pueblo y milmillonarios definen hoy el control del Congreso de EU”, La Jornada, 3 de noviembre de 2026, p. 18.

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