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«Estados Unidos asfixia al pueblo cubano porque se niega a arrodillarse»

Escrito por Debate Plural

Mohamed Abdoun (Rebelión, 30-10-26)

Desde hace más de seis décadas, Cuba desafía a la primera potencia mundial y se niega a someterse a sus imposiciones. Para Salim Lamrani, doctor en Estudios Ibéricos y Latinoamericanos y especialista en las relaciones entre Washington y La Habana, este enfrentamiento va mucho más allá de la cuestión del sistema político cubano: opone dos concepciones radicalmente antagónicas de las relaciones internacionales, la de la dominación y la de la igualdad soberana.

En esta entrevista sin concesiones, el académico repasa las raíces históricas de la hostilidad estadounidense hacia la isla, desmonta las sucesivas justificaciones del bloqueo y describe las consecuencias humanas de una política de estrangulamiento económico que afecta a los hospitales, las escuelas, el abastecimiento de alimentos y al conjunto de la población.

Mientras se intensifica la presión ejercida por la Administración Trump, Cuba sigue de pie, a pesar de la escasez, los apagones y las crecientes dificultades de la vida cotidiana. Lamrani aborda también el internacionalismo cubano, su papel en las luchas de liberación africanas y su compromiso médico con los pueblos del Sur. En el centro de este intercambio, una convicción atraviesa tanto la historia de Cuba como la de Argelia: la soberanía no se negocia bajo amenazas y la dignidad de un pueblo no se mide por su poder material. Desde la lucha anticolonial hasta la resistencia a la hegemonía estadounidense, esta entrevista arroja luz sobre los fundamentos de una solidaridad histórica argelino-cubana y plantea una pregunta esencial: ¿por qué Washington se ensaña contra un pueblo que persiste en elegir libremente su destino?

La Patrie News: Profesor Lamrani, desde hace más de seis décadas, Cuba resiste a la primera potencia mundial, a su bloqueo económico, a sus presiones diplomáticas y a sus intentos de desestabilización. ¿Cuál es el secreto de esta resistencia? ¿Es la conciencia nacional, el legado de José Martí, la Revolución de 1959 o la convicción de que un pueblo pequeño tiene derecho a elegir libremente su destino?

Salim Lamrani: Históricamente, Estados Unidos siempre ha codiciado Cuba. Ya en 1805, Thomas Jefferson, tercer presidente de Estados Unidos, había subrayado la importancia estratégica de la isla, situada en medio del golfo de México, que constituía una fortaleza natural que permitía proteger Florida y, sobre todo, controlar la ruta hacia el futuro canal de Panamá. «La conquista sería fácil», había señalado el tercer presidente estadounidense.

En 1823, John Quincy Adams, entonces secretario de Estado de Estados Unidos, elaboró la teoría de la «fruta madura», explicando que, con el paso del tiempo, debido al vínculo antinatural entre Cuba y España y al desarrollo de las relaciones económicas entre la isla y Estados Unidos, Cuba cedería a las leyes de la «gravitación política» y acabaría cayendo en manos de Washington.

Durante la primera mitad del siglo XIX, Estados Unidos intentó quedarse con Cuba, entonces colonia española, en no menos de seis ocasiones. En 1851, el presidente James Polk había formulado una oferta de 130 millones de dólares, una suma considerable para la época.

Pero el pueblo cubano aspiraba a un futuro soberano, a un porvenir independiente, y no deseaba ser absorbido por su poderoso vecino. Por esta razón, en 1868 inició su primera guerra de independencia contra España, que se prolongó hasta 1878. Fue la célebre «Guerra de los Diez Años». Terminó en fracaso debido a las profundas divisiones entre las distintas facciones independentistas. Cabe señalar que, durante toda la guerra, Washington apoyó política y militarmente a España, oponiéndose resueltamente a la independencia de Cuba.

Este fracaso llevó a José Martí, el héroe nacional, a reunir a todas las fuerzas favorables a la emancipación humana bajo la bandera del Partido Revolucionario Cubano en 1892. Tres años después, en 1895, inició la segunda guerra de independencia, que duró hasta 1898 y concluyó con la derrota de España. Sin embargo, cuando los cubanos estaban a punto de recoger los frutos de treinta años de lucha, Estados Unidos intervino militarmente para impedir el surgimiento de una Cuba soberana y ocupar el país.

Así, durante las seis primeras décadas del siglo XX, hasta 1959, Cuba era formalmente una república independiente, pero en realidad constituía una neocolonia estadounidense, sometida política y económicamente a su poderoso vecino. La Enmienda Platt autorizaba a Washington a intervenir militarmente en Cuba cuando lo considerara necesario. En realidad, no existía soberanía alguna y el pueblo era considerado inferior, disminuido. El hombre más importante del país no era el presidente de Cuba, sino el embajador de Estados Unidos.

Existe una anécdota de 1920 que permite ilustrar las constantes humillaciones sufridas por el pueblo cubano. El presidente de Estados Unidos, Woodrow Wilson, decidió enviar un emisario especial a la isla, pero ni siquiera se dignó informar al presidente cubano Mario García Menocal. Cuando este último se enteró de la inminente llegada del representante estadounidense, expresó su sorpresa mediante una carta diplomática. ¿Cuál fue la respuesta escrita de Wilson? La siguiente: «El presidente de Estados Unidos no considera necesario obtener la autorización previa del presidente de Cuba para enviar a un representante especial». Así era la Cuba prerrevolucionaria, donde se podía humillar de esa manera al primer mandatario de la nación.

El triunfo de la Revolución cubana representó la conquista de la dignidad para el pueblo cubano y el fin de la era de sumisión y subordinación. La principal conquista de la Revolución encabezada por Fidel Castro fue la independencia nacional, después de casi un siglo de lucha, de 1868 a 1959. Los cubanos decidieron el 1 de enero de 1959 que las relaciones con el resto del mundo, empezando por Estados Unidos, se basarían en la igualdad soberana, la reciprocidad y la no injerencia en los asuntos internos. Se atrevieron a decir «no» a Washington, que solo acepta una respuesta: «yes». Por eso el pueblo cubano paga hoy el precio. Pero no está dispuesto a renunciar a su dignidad porque, cuando se ha sufrido en carne propia la humillación neocolonial, se está dispuesto a todos los sacrificios para conservarla. El pueblo argelino, que vivió la opresión colonial francesa durante 132 años, sabe muy bien lo que eso significa.

LPN: Estados Unidos presenta regularmente su política contra Cuba como una defensa de la democracia y los derechos humanos. ¿Cómo puede Washington pretender defender al pueblo cubano mientras mantiene medidas económicas que afectan su vida cotidiana, su abastecimiento y sus servicios públicos? ¿No es uno de los ejemplos más flagrantes de la instrumentalización de los derechos humanos con fines geopolíticos?

SL: Hay que recordar que la retórica diplomática de Estados Unidos ha cambiado constantemente a lo largo de las décadas para justificar su estado de sitio económico contra Cuba. En 1960, cuando la Administración Eisenhower impuso las primeras medidas coercitivas unilaterales, suspendiendo la cuota azucarera cubana, invocó el proceso de nacionalizaciones emprendido por el Gobierno revolucionario, particularmente la reforma agraria de 1959. Sin embargo, estas se habían realizado de conformidad con la Constitución cubana de 1940 y con el derecho internacional público. Además, para las indemnizaciones, La Habana se había basado en las propias declaraciones fiscales de las empresas.

En 1962, cuando Kennedy impuso sanciones económicas totales, explicó que se debían a la alianza con la Unión Soviética. Sin embargo, hoy es de conocimiento público, a la luz de los archivos desclasificados, que Estados Unidos hizo todo lo posible para empujar a La Habana hacia Moscú. Allen Dulles, director de la CIA, declaró en enero de 1960: «Desde nuestro punto de vista, sería deseable que la URSS mostrara sus manos en Cuba».

En las décadas de 1970 y 1980, Washington invocaba el apoyo brindado por Cuba a los movimientos de liberación nacional en todo el mundo, especialmente en África, para justificar el mantenimiento del estado de sitio.

Desde 1991, tras el colapso de la Unión Soviética, Washington esgrime el argumento de la democracia y los derechos humanos para explicar por qué se niega a levantar las medidas coercitivas unilaterales contra Cuba.

Pero esta acusación no resiste el análisis. En primer lugar, Estados Unidos ha sido históricamente aliado de las peores dictaduras militares del continente latinoamericano, desde Batista en Cuba hasta Pinochet en Chile, pasando por Somoza en Nicaragua y la junta de generales en Argentina. Y ni siquiera menciono el resto del mundo. Desde el punto de vista moral, Washington carece, por tanto, de autoridad para dar lecciones sobre derechos humanos.

En segundo lugar, basta con consultar el último informe de Amnistía Internacional sobre derechos humanos y comparar las situaciones de Cuba y Estados Unidos. Se sorprenderán al descubrir que el peor alumno no es quien se cree.

Además, como usted señala, ¡qué cinismo hablar de los derechos humanos del pueblo cubano mientras se le impone un estado de sitio que lo asfixia desde hace casi siete décadas! Las sanciones económicas constituyen la principal violación de los derechos humanos de las cubanas y los cubanos, porque afectan al conjunto de la sociedad y, particularmente, a sus sectores más vulnerables.

¿Cómo se puede tener el descaro de hablar de derechos humanos mientras se impide que los niños con cáncer reciban los tratamientos necesarios para sobrevivir? ¿Cómo se puede hablar de derechos humanos mientras se priva de electricidad a los hospitales? ¿Cómo se puede hablar de derechos humanos mientras se impide que los escolares tengan una educación normal? ¿Cómo se puede hablar de derechos humanos mientras se priva a las personas mayores de los alimentos básicos?

LPN: ¿No constituye el bloqueo, más allá de sus consecuencias económicas, un intento de demostrar que ningún pueblo puede apartarse de manera duradera del orden impuesto por Washington sin pagar las consecuencias? En otras palabras, ¿se sanciona a Cuba únicamente por lo que hace o también por lo que representa: la posibilidad de elegir otro camino?

SL: En primer lugar, hay que recordar en qué consisten las sanciones económicas. Privan a Cuba de su mercado histórico y natural, situado a 150 kilómetros de sus costas. Pero eso no es todo: tienen un alcance extraterritorial, es decir, se aplican a todos los países del mundo. Por ejemplo, Cuba no puede importar ningún producto que contenga más de un 10 % de componentes estadounidenses. Ningún producto que contenga el más mínimo gramo de un componente cubano puede exportarse a Estados Unidos. Así, Mercedes, BMW o Toyota no pueden exportar ningún vehículo al mercado estadounidense si contiene siquiera un gramo de níquel cubano. Por tanto, Cuba no puede vender nada a Estados Unidos, pero también se ve limitada en sus relaciones comerciales con el resto del mundo.

Otro ejemplo revelador. Cuba es una isla y, por tanto, depende del comercio marítimo. Desde 1992, a todo buque extranjero que atraque en un puerto cubano se le prohíbe entrar en Estados Unidos durante seis meses. Es fácil imaginar los costos que esto supone para Cuba, que a veces debe pagar los productos tres o cuatro veces más caros que su precio de mercado para poder obtenerlos, tanto por la distancia geográfica como por los riesgos que implica la operación, que obligan a recurrir a numerosos intermediarios.

Cuba necesita inversiones para su desarrollo. Sin embargo, los inversionistas extranjeros se ven amenazados con acciones judiciales por parte de Washington, lo que los disuade de invertir en la isla, a pesar de las numerosas oportunidades que ofrece.

Desde su imposición en 1960, las sanciones económicas han costado a Cuba cerca de 180.000 millones de dólares. En 2026, las medidas coercitivas unilaterales estadounidenses privaron a la isla de más de 8.000 millones de dólares. Esto representa más de 20 millones de dólares diarios y más de 15.000 dólares por minuto. Es fácil imaginar lo que Cuba podría hacer con semejante suma para mejorar el bienestar de su pueblo. Por ejemplo, con 180.000 millones de dólares, Cuba podría garantizar la canasta básica familiar de todos los hogares cubanos, es decir, proporcionarles los alimentos esenciales para cubrir sus necesidades, ¡durante 100 años!

Más del 80 % de la población cubana nació bajo el régimen de sanciones económicas unilaterales estadounidenses. Estas son condenadas unánimemente cada año por la comunidad internacional desde 1992 debido a su carácter ilegal.

¿Por qué Estados Unidos se ensaña contra Cuba? Por una razón sencilla. Washington solo acepta un tipo de relación: la de amo a subordinado, la de quien decide frente a quien obedece, es decir, una relación asimétrica de dominación. En cambio Cuba, desde 1959, solo acepta un tipo de relación: una relación simétrica, de igual a igual.

Cuba ha demostrado que es posible resistir al imperialismo en su propio patio trasero, recuperar la soberanía sobre sus recursos naturales y sus tierras y elegir por sí misma su destino. Y Estados Unidos, que no acepta ningún cuestionamiento de sus pretensiones hegemónicas, no tolera este desafío a su autoridad. Por eso Cuba paga hoy las consecuencias.

LPN: A pesar de las dificultades, Cuba ha desarrollado una reconocida experiencia médica y una tradición de cooperación internacional. ¿Cómo explicar esta paradoja de un país sometido a un estrangulamiento económico que sigue haciendo de la solidaridad médica un instrumento de su política exterior? ¿Qué revela esta experiencia sobre las prioridades de un Estado y su concepción de la solidaridad entre los pueblos?

SL: Desde 1959, Cuba ha convertido la solidaridad internacionalista, es decir, el apoyo concreto y decidido a todas las causas de la emancipación humana, en el pilar de su política exterior. Cuba es fiel a su historia: fueron los hijos de esclavos arrancados de tierras africanas quienes primero tomaron las armas en 1868, bajo el liderazgo de Carlos Manuel de Céspedes, para conquistar la libertad de Cuba. Por eso se siente comprometida con todos los pueblos que luchan por su independencia. Cuba ha sufrido en carne propia la opresión colonial y neocolonial y se identifica naturalmente con las causas de la dignidad humana.

Por esta razón, Cuba contribuyó de manera decisiva a la liberación del África austral, especialmente de Angola, Namibia y Sudáfrica. No es casualidad que Nelson Mandela declarara lo siguiente sobre Cuba: «En África estamos acostumbrados a ser víctimas de países que quieren despedazar nuestro territorio o socavar nuestra soberanía. No existe precedente en la historia de África de otro pueblo que se haya levantado para defender a uno de nosotros».

Volviendo a la cooperación médica, cuando triunfó la Revolución cubana, Cuba enfrentaba una situación sanitaria crítica, con apenas 6.000 médicos para seis millones de habitantes. Además, cerca de la mitad de estos profesionales abandonaron la isla rumbo a Estados Unidos, que había establecido una política de estímulo a la emigración con el propósito de despojar a Cuba de su capital humano y crear las mayores dificultades posibles para La Habana.

Ante esta realidad, el Gobierno revolucionario cubano decidió convertir la salud en una prioridad nacional mediante la formación de cientos de miles de médicos. Paralelamente, La Habana decidió hacer de la cooperación médica la piedra angular de su diplomacia. Desde 1963, cuando envió su primera brigada médica a Argelia, cientos de miles de profesionales cubanos de la salud han realizado misiones internacionalistas en más de 150 países de todo el mundo. En 2023 se celebró el sexagésimo aniversario de la cooperación médica internacional de Cuba. Estas son algunas cifras: 600.000 profesionales de la salud, 3.000 millones de consultas realizadas, 17 millones de intervenciones quirúrgicas, cinco millones de partos atendidos y 12 millones de vidas salvadas.

En 2004, Cuba lanzó la Operación Milagro, un amplio programa oftalmológico destinado a brindar atención gratuita a pacientes con cataratas y otras enfermedades oculares. Desde entonces, más de cuatro millones de personas de varias decenas de países han podido ser operadas y recuperar una visión normal.

Además, desde 1959, Cuba ha formado a decenas de miles de médicos extranjeros. Así, desde su creación en 1998, la Escuela Latinoamericana de Medicina de La Habana ha formado por sí sola a más de 30.000 médicos procedentes de 120 países. Esto representa una ayuda equivalente a 16.000 millones de dólares.

Cuba siempre ha practicado una solidaridad concreta, particularmente con los países del Sur. Hoy esta solidaridad también se manifiesta en algunos países desarrollados como Italia, donde cerca de 500 médicos cubanos trabajan en la región de Calabria.

LPN: La Administración Trump ha endurecido considerablemente la presión contra Cuba, especialmente en el ámbito energético. ¿Estamos presenciando una nueva etapa de la política de cambio de régimen, en la que la asfixia económica se convierte en un instrumento central de coerción? ¿Cuáles son sus consecuencias concretas para las familias cubanas?

SL: Durante su primer mandato, la Administración Trump dio un giro radical a la política exterior de Estados Unidos al desmantelar las medidas constructivas adoptadas por su predecesor, Barack Obama. En cuatro años, de 2017 a 2021, Trump impuso 243 nuevas sanciones contra Cuba, es decir, un promedio de una nueva sanción cada cinco días. Atacó las tres principales fuentes de ingresos del país: la cooperación médica, las remesas familiares y el turismo.

Además volvió a incluir a Cuba en la lista de Estados patrocinadores del terrorismo internacional. Esta lista, establecida por la Administración Reagan en 1982, es arbitraria y unilateral y sirve como instrumento de coerción para asfixiar a los países. Por ejemplo, Nelson Mandela, el héroe de la lucha contra el apartheid, figuró en esa lista hasta… ¡2008! Incluso durante su mandato como presidente de Sudáfrica, Washington lo consideraba oficialmente miembro de una organización terrorista.

El efecto de semejante inclusión fue inmediato para Cuba. De la noche a la mañana, alrededor de un centenar de entidades bancarias y financieras decidieron romper sus relaciones con Cuba por temor a represalias. Hoy el país enfrenta enormes dificultades para obtener créditos o financiamiento, o simplemente para realizar transacciones financieras.

Además, a partir de 2019, Trump comenzó a librar una guerra energética contra Cuba atacando a su principal proveedor, Venezuela. También apuntó contra toda la cadena logística que permitía a la isla adquirir combustible: petroleros, armadores, compañías de seguros, etc. Así, las primeras grandes dificultades de abastecimiento de Cuba comenzaron durante la primera Administración Trump.

Pero la situación se deterioró considerablemente con la nueva Administración Trump de 2025 y el nombramiento de Marco Rubio al frente del Departamento de Estado, un enemigo acérrimo de la Revolución cubana que ha construido toda su carrera sobre el odio hacia su país de origen. Sin embargo, cabe recordar que los padres de Marco Rubio huyeron de la dictadura de Batista en 1956 para refugiarse en Estados Unidos, y no de la Revolución cubana.

Desde 2025 Washington lanzó una ofensiva contra la cooperación médica cubana, obligando a numerosos países socios de la isla, como Guatemala, Honduras o Jamaica, a rescindir sus contratos con La Habana. Esto tuvo un impacto dramático en los sistemas de salud de esos países, pero también en el ingreso de divisas a Cuba, que vio agotarse su principal fuente de ingresos. Posteriormente, la Administración Trump atacó el sector turístico, especialmente al conglomerado GAESA, que administra gran parte de este sector. Así, socios históricos de Cuba como Meliá, Iberostar o Sherritt se vieron obligados a poner fin a su cooperación en la isla por temor a las sanciones secundarias y a su alcance extraterritorial.

La situación empeoró gravemente a partir de diciembre de 2025, con la imposición de facto de un bloqueo petrolero por parte de Washington. Desde entonces, Cuba solo ha recibido, a través de Rusia, el equivalente a diez días de consumo de petróleo. Y las consecuencias son dramáticas. En efecto, el sistema eléctrico cubano depende en gran medida de las importaciones de petróleo y esta medida medieval tiene consecuencias catastróficas. El sistema eléctrico nacional ha colapsado en varias ocasiones, provocando apagones generales en todo el país. Todavía hoy, los cortes de electricidad son recurrentes y pueden llegar a durar hasta 30 horas.

¿Cuáles son las consecuencias concretas para la población y el país? Los hospitales se ven gravemente afectados, con una lista de espera de 100.000 pacientes, entre ellos 14.000 niños, que necesitan una intervención quirúrgica. El transporte público está paralizado por falta de combustible, lo que perturba gravemente el funcionamiento de las escuelas y universidades, hasta el punto de provocar cierres temporales. Incluso el paso a la enseñanza a distancia, mediante clases en línea, depende del suministro eléctrico.

La cadena alimentaria también se ve afectada, porque la producción depende del riego, que a su vez depende de la red eléctrica. El transporte de alimentos desde los lugares de producción hasta los puntos de distribución también depende de la disponibilidad de combustible. Además, debido a los frecuentes apagones, la población no puede conservar los alimentos que ha adquirido a precios elevados a causa de la escasez. Por otra parte, el 80 % del abastecimiento de agua potable depende del sistema eléctrico. Imaginen las consecuencias.

La recogida de basura se ve gravemente afectada, con las consecuencias sanitarias y el riesgo de propagación de epidemias que ello puede generar. Así, la crisis energética se transforma en crisis alimentaria, crisis sanitaria, crisis económica, crisis social, etc. Estas dificultades sin precedentes tienen un impacto dramático en la salud mental de la población. Y ni siquiera menciono las constantes amenazas de intervención militar por parte de Estados Unidos.

Es un círculo vicioso interminable. Sin combustible Cuba no puede reabastecer de carburante a los aviones. Las compañías aéreas suspenden entonces sus conexiones, lo que reduce el número de turistas y priva al país de divisas vitales. Hoy cerca del 70 % de las habitaciones hoteleras están cerradas y 25.000 trabajadores se encuentran en situación de suspensión temporal de empleo. Cuba pasó de recibir cerca de cinco millones de visitantes anuales durante la administración Obama a 500.000 en 2026.

El impacto humano es terrible. En 2017 la tasa de mortalidad infantil en Cuba era de 4,4 por cada mil nacidos vivos, la más baja del continente americano, incluso inferior a las de Canadá y Estados Unidos. En 2025, aumentó a 9,9 por mil debido al implacable estado de sitio impuesto por Washington. Antes de este bloqueo, la tasa de supervivencia de los niños con cáncer superaba el 80 %. Hoy es del 60 % debido a las dificultades para adquirir los medicamentos vitales necesarios para sus tratamientos.

Hasta la fecha más de 7.000 contenedores adquiridos y pagados por Cuba, que contienen alimentos, medicamentos, piezas de repuesto para la red de agua potable y paneles fotovoltaicos, permanecen bloqueados en puertos extranjeros porque grandes compañías de transporte como CMA-CGM o Hapag-Lloyd se niegan a cumplir sus contratos y transportar las mercancías hacia Cuba por temor a las sanciones secundarias de Estados Unidos.

Este es, en pocas palabras, el impacto concreto del bloqueo medieval que Estados Unidos impone al pueblo cubano. Se trata de un castigo colectivo, prohibido por todas las convenciones internacionales. Estados Unidos asfixia al pueblo cubano porque se niega a arrodillarse.

LPN: Washington dispone de un enorme poder militar, financiero y diplomático. Sin embargo, a pesar de décadas de sanciones, Cuba no ha renunciado a su soberanía. ¿Constituye esta resistencia un importante fracaso estratégico para Estados Unidos, incapaz de transformar su superioridad material en la sumisión política del pueblo cubano?

SL: La política agresiva e ilegal de Estados Unidos hacia Cuba es indudablemente un fracaso. El estado de sitio medieval que actualmente se impone al pueblo de la isla es la perfecta ilustración de ello, porque Washington no duda en pisotear los principios elementales del derecho internacional y de la Carta de las Naciones Unidas, que prohíben cualquier castigo colectivo contra las poblaciones civiles.

La Administración Trump no deja de multiplicar las sanciones a medida que comprueba que su bloqueo medieval no produce los resultados esperados, es decir, el caos interno y el derrocamiento de la Revolución cubana. Este ensañamiento es característico de una presidencia desesperada, carente de escrúpulos y de cualquier principio moral. La política de Trump hacia Cuba se caracteriza por el sadismo y la perversidad. No se trata de una apreciación personal, sino de una descripción objetiva de los hechos. Washington estaba convencido de que el bloqueo petrolero provocaría el colapso del país en cuestión de semanas. Casi un año después, Cuba sigue de pie.

La resistencia del pueblo cubano es admirable. ¿Qué país podría resistir durante más de diez meses un bloqueo energético tan feroz como el que Washington impone a Cuba? La isla, repito, solo ha recibido el equivalente a diez días de consumo nacional de combustible en un período de diez meses. El precio del litro de gasolina supera los diez dólares debido a esta escasez y su suministro está severamente racionado. ¿Qué otro país del mundo podría ofrecer semejante resistencia al imperialismo? A pesar de las dificultades extremadamente graves, no se ha producido ningún levantamiento popular y las calles de Cuba permanecen tranquilas. Hay una razón para ello: la conciencia política del pueblo. Los cubanos saben que sus sufrimientos se deben al estrangulamiento impuesto por el enemigo histórico de la independencia de la isla.

Hay algo que forma parte de la identidad revolucionaria cubana. El pueblo cubano no se deja intimidar por las amenazas, el chantaje, las intimidaciones ni las presiones. No le gusta que intenten torcerle el brazo. Solo existe un tipo de relación posible con Cuba: la que se basa en el respeto mutuo, la igualdad soberana y la no injerencia en los asuntos internos.

LPN: ¿Qué responsabilidad corresponde hoy a la Unión Europea, a Francia y a las demás potencias que afirman defender el multilateralismo? ¿Pueden seguir proclamando su compromiso con el derecho internacional mientras aceptan que un país sea sometido a medidas coercitivas unilaterales debido a su sistema político?

SL: La Unión Europea, debido a su constante subordinación a Estados Unidos, nunca ha constituido una verdadera fuerza política o diplomática. Siempre ha sido incapaz de adoptar una línea independiente que corresponda a sus propios intereses. Su atlantismo, su sometimiento permanente y su doble rasero han desacreditado su voz y su actuación.

No se puede disertar sobre la importancia de la legalidad internacional y el respeto de los derechos humanos mientras se guarda silencio cuando Washington asfixia al pueblo cubano e Israel comete un genocidio en Gaza.

LPN: Profesor Lamrani, las relaciones entre Argelia y Cuba no constituyen una simple alianza diplomática: sus raíces se encuentran en las luchas anticoloniales y en una concepción compartida de la soberanía. ¿Qué papel desempeñó la Revolución argelina en la construcción de esta solidaridad internacional, especialmente después de la independencia de 1962?

SL: En primer lugar, conviene recordar que Argelia conquistó su independencia por la vía de las armas, después de una lucha de ocho años contra el colonialismo francés, poniendo así fin a 132 años de opresión. El pueblo argelino fue exterminado en gran parte mediante una política genocida. En 1830 había aproximadamente cuatro millones de argelinos. En 1872, al finalizar la guerra de conquista, apenas quedaban dos millones. Los campos de concentración y exterminio y las cámaras de gas, las llamadas “enfumades” (matanzas por asfixia mediante humo), no comenzaron con Hitler. La Francia colonial se adelantó a la Alemania nazi en Argelia.

También hay que recordar lo que fue la guerra de Argelia: 1,5 millones de muertos, 8.000 pueblos arrasados – es decir, 8.000 Oradour-sur-Glane –, 500.000 argelinos encarcelados o recluidos en campos de concentración, cientos de miles de argelinos torturados por el Ejército francés, decenas de miles de desaparecidos, la mitad del país declarada «zona prohibida», un millón de hectáreas quemadas con napalm, 500.000 argelinos exiliados en Marruecos y Túnez, dos millones de desplazados dentro del país, para una población total de apenas once millones de habitantes, y tres millones de minas colocadas a lo largo de las fronteras, con todas las tragedias que ello ha provocado. Hasta la fecha, Francia sigue negándose a proporcionar los mapas precisos de esas minas. Y ni siquiera menciono las 17 explosiones nucleares y los 40 ensayos nucleares realizados entre 1960 y 1966, con consecuencias radiactivas dramáticas que perduran hasta nuestros días, con miles de personas afectadas por cánceres, enfermedades respiratorias crónicas, etc. Una vez más, Francia sigue negándose a proporcionar un mapa completo de los lugares donde se enterraron los desechos nucleares, lo que imposibilita la descontaminación de los sitios afectados. Eso fue la guerra de Argelia.

Tras haber sufrido en carne propia la opresión colonial, la Argelia independiente se convirtió en la «Meca de los revolucionarios», el refugio y el asilo de todos los movimientos que luchaban por su liberación. Al igual que Cuba, practicó el internacionalismo solidario, brindando una ayuda concreta, a menudo decisiva, a todos los pueblos que luchaban por su emancipación. ¿Qué pueblo que haya solicitado la ayuda de Argelia no ha sido recibido con los brazos abiertos? Nelson Mandela recibió formación militar en Argelia en 1962. «Fue Argelia la que me hizo hombre», había declarado. De hecho, reservó su primera visita a Argelia, en mayo de 1990, apenas unas semanas después de su liberación, porque Argel había apoyado constantemente la lucha contra el apartheid, al igual que Cuba. Argelia —como Cuba o Vietnam— ocupa un lugar especial en el corazón de los pueblos amantes de la libertad.

LPN: Desde los primeros años de la independencia argelina, Cuba manifestó su solidaridad con Argelia, especialmente mediante la cooperación médica. ¿Qué nos enseña este episodio histórico sobre la posibilidad de que los países del Sur construyan relaciones internacionales basadas no en la dominación económica, sino en la ayuda mutua y el respeto recíproco?

SL: Incluso antes del triunfo de la Revolución cubana, el 1 de enero de 1959, los guerrilleros de Fidel Castro seguían atentamente por la radio, desde las montañas de la Sierra Maestra, la lucha de los muyahidines del Frente de Liberación Nacional. Compartían las mismas aspiraciones de libertad y estaban indignados por las atrocidades cometidas por el Ejército francés contra el pueblo argelino, que comparaban con las torturas del régimen de Batista. «Algo especial nos une a Argelia», diría Fidel Castro. «Cuando nosotros luchábamos en las montañas, los argelinos luchaban en las wilayas».

Bajo Batista, en las Naciones Unidas, Cuba votaba sistemáticamente a favor de la Argelia francesa. A partir de 1959, Cuba convirtió decididamente la independencia de Argelia en una causa sagrada. De hecho, en las Naciones Unidas, el punto de inflexión se produjo en 1959, cuando, por primera vez, la Asamblea General votó un texto a favor de la autodeterminación de Argelia. Durante su intervención, Raúl Roa, ministro cubano de Relaciones Exteriores, gran amigo de Francia, especialmente de la Francia de la Resistencia, denunció enérgicamente los crímenes del colonialismo y exigió la libertad del pueblo argelino. Cuba nunca tuvo ningún problema con Francia. Su problema era con la Francia colonial. En 1960, la resolución a favor de la autodeterminación obtuvo la mayoría de dos tercios y fue aprobada por la ONU.

Cuba no se limitó a una solidaridad verbal. Durante la gira del Gobierno Provisional de la República Argelina por América Latina en 1960, el Gobierno cubano fue el único que recibió a la delegación al más alto nivel. En 1961, Cuba fue el único país del continente americano que reconoció oficialmente al Gobierno argelino en el exilio. En enero de 1962, La Habana proporcionó ayuda militar al FLN y acogió en Cuba a decenas de muyahidines heridos, así como a huérfanos de guerra.

Para Argelia, el deber de gratitud es sagrado. Así, en octubre de 1962, durante la primera visita de Ahmed Ben Bella a las Naciones Unidas, el presidente argelino se reunió con John Kennedy, quien intentó disuadirlo de viajar a Cuba, subrayando que semejante desplazamiento tendría inevitablemente repercusiones en las relaciones entre Washington y Argel y en el nivel de ayuda económica. Pero, a pesar de estas presiones, Ben Bella viajó a Cuba el 16 de octubre de 1962, en plena crisis de los misiles, un gesto que los cubanos nunca olvidarían.

En 1963, Marruecos, aprovechando la debilidad del Estado argelino, que acababa de salir de ocho años de guerra, invadió el país para apoderarse de las regiones fronterizas ricas en recursos naturales. Argel solicitó inmediatamente la ayuda de Cuba. Al recibir esta petición, la respuesta de Fidel Castro fue inmediata: «Para Argelia, toda la ayuda que necesite». Cuba lanzó entonces la «Operación Dignidad» y envió un batallón de tanques y 686 soldados experimentados, bajo el mando del comandante Efigenio Ameijeiras. Ante este cambio en la correlación de fuerzas, Marruecos solicitó inmediatamente sentarse a la mesa de negociaciones y abandonó sus pretensiones de conquista territorial.

Finalmente, en 1963, debido a la grave crisis sanitaria que afectaba a Argelia tras la salida de casi todos los médicos del país, en su mayoría europeos, Cuba envió su primera brigada médica internacional a territorio argelino, inaugurando así una cooperación que perdura hasta nuestros días y que posteriormente se extendería al resto del mundo. Lazos indestructibles unen a Argelia y Cuba.

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